Shia Chic

Pues ahí me tienen, como la más grande metiche incitando a mi amiga para que se animara a confesar los sentimientos que tiene por su “crush” al mero estilo millenial, con un simple y llano “WhatsApp”. La pobre me hizo caso y le redactó una hermosa crónica del día en que se conocieron, hizo una historia tan hermosa y descriptiva que cuando me la leyó hasta pude escuchar dentro de mi cabeza el sonido del claxon del flamante vocho en el que su caballero de armadura oxidada pasó por ella a la estación de autobuses, y sí, es que aparte el individuo vive en otra ciudad, una muy cercana, pero en este rancho recorrer más de cincuenta kilómetros ya califica como salir de viaje. La hubieran visto, la leía y sus ojos se convirtieron en corazones, esos emojis recobraron vida en su cara. Esa carita tan llena de amor que tiene, con unos cachetitos hechos a base de crema de avellanas y sashimi acompañado de cerveza oscura. Tan linda ella.

La conclusión; todo fue un fatídico error, el hombre quedó en mutis total, la castigó con un “visto” que difuminó el ultimo halo de esperanza en el amor romántico que le quedaba. Al sol de hoy mi pobre amiga no deja de martirizarse viendo las tan odiadas palomitas azules. Ya sin un consuelo aparente, tratando de ocultar mi culpa y asumiendo tardíamente mi responsabilidad solo le decía:

-Amiga, ¿estás segura que son azules?, ¿no te estarás quedando daltónica?

Para qué me engaño, el hombre la ignoró y ya no sé quién es más imprudente en este lío, si yo por meter mi cuchara, él por dejarla ir ignorando esa sincera declaración de amor, o ella por hacerme caso. Es que mira que venir a pedirme consejos a mí, si soy un rotundo fracaso en el arte del amor y la conquista, ustedes pensarán que con tanta historia romántica y apasionada que escribo pudiera ser yo la más afortuna y vasta en experiencia en el tema, pero no, resulta que la enredosa novela de “Orgullo y prejuicio” me queda corta de tanto lío y enredo al que me enfrento. Tristemente ningún hombrecito llena mis expectativas tan irreales, o peor aún, cuando pienso haber encontrado al hombre de mis sueños, a ese que llamo Mr. Darcy, algo pasa que al día siguiente ya me decepcioné y lo mandé de paseo en la nave del olvido. Por favor, sean prudentes y no me pidan consejos de amor que para eso soy la menos indicada, mis más estrechas relaciones son esas tan idílicas que tengo con mis plantas, en especial con ese bambú que tengo en la cocina y que no sé qué hacer con él, todos los días vivo mortificada por no saber cómo tratarlo (no sé si deba plantarlo o cambiarlo a otro recipiente más grande, esas raíces se están saliendo de control). Amablemente se los pido, no me cuenten sus decepciones amorosas con esperanzas de recibir palabras de aliento de mi parte, menos aún, sabiduría, porque a decir verdad, en cuanto empiezan a hablar y se ponen en modo de confesión mi mente divaga y solo puedo pensar en si desconecté la plancha o ya de plano me pongo a contar las horas que podré dormir antes de volver a trabajar, así de triste es mi vida pasional.

No me tengan confianza en las cosas del amor que ni yo misma me entiendo, que tan puedo amar al que me regale una caja de donas y odiar al que diga “haiga”, me repelen los hombres burdos que abundan por doquier y amo a los que…, así de desorientada estoy en estos temas. Y tú Billyberto, que sé que estás leyendo esto, hazme el grandísimo favor de contestarle, aunque sea con un lacónico “ok”, así tan frio e impersonal como eres tú. Hombre incapacitado para teclear. Y tú que me dejas en visto a mí, agarra el rollo que no quiero escuchar lamentos después. Tic tac.

Hombres necios que dejáis en visto a la mujer sin razón…