Ante el arresto de 6 elementos de la Guardia Nacional por su participación en el homicidio de Jessica Silva, los hermanos y activistas LeBarón  señalaron que quienes deben pagar por el crimen no sólo son los que dispararon el arma, o estuvieron en el mismo espacio en complicidad, también son los que ordenaron todos los operativos, los que antepusieron los intereses ajenos a los de la población.

Los miembros de la Guardia Nacional fueron puestos a disposición de un juez de distrito en Chihuahua y se les imputaron “delitos contra la administración de justicia, homicidio calificado y tentativa de homicidio”.

Al respecto, Adrián, Bryan y Julián Lebarón advirtieron que se debe castigar este caso hasta el más alto nivel de complicidad.

“Deben dimitir y ser procesados los responsables los que mandaron y dieron la orden a los soldados, que a final de cuentas terminan siendo chivos expiatorios de la responsabilidad de sus superiores.

Castigar sólo a esos elementos le quita toda la responsabilidad al presidente López Obrador y a todos los responsables de haberlos mandado a hacer lo que la Constitución les prohíbe. Sean del nivel que sea, que la justicia no se detenga, y tampoco la memoria social.

Alfonso Durazo, quien era secretario de seguridad pública, hoy deja su encargo por un puesto mientras nuestro México sufre más violencia que nunca en nuestra historia, el que reprime y esconde la mano, y cuyos resultados son contados a cuentagotas, Se confirma que la fuerza del Estado estaba siendo usado para reprimir protestas sociales, tan legítimas como el derecho de llevar el pan a la mesa.

Desde el primer momento la Guardia Nacional trató de blindarse señalando que la muerte de Jessica Silva se trataba de un “desafortunado accidente”, eso nos da dimensión del grado de indefensión en el que nos encontramos si no nos organizamos de forma pronta y alrededor de la razón y la justicia, no de personajes ni instituciones. Como sociedad tenemos que aprender a destronar a los abusones de las esferas más altas de poder”, pronunciaron.

Finalmente, señalaron que “Seguramente hoy seguiría en la penumbra de la historia ese capítulo, sin la presión ejercida por toda una comunidad, no hubiera avanzado el caso, y seguiría siendo parte del México lleno de anécdotas sanguinarias. El Estado confirma su papel de victimario”, concluyeron.