El 56.6% de los trabajadores en México, que son informales, producen 23 de cada 100 pesos del PIB. Este nivel de participación de la informalidad en la economía mexicana repuntó de manera significativa pasando del 22.4% en el 2018 a 23.0% en el 2019.

El comercio minorista es la actividad que más aporta a la economía informal, con una participación equivalente al 25% del total generado por este sector, de acuerdo con las cifras actualizadas de la Medición de la Economía Informal calculada por el Inegi (Instituto Nacional de Estadística y Geografía).

Otras actividades en las que persisten niveles importantes de algún tipo de informalidad son la construcción, la manufactura, las actividades agropecuarias, el comercio mayorista, los servicios de transporte y logística y los servicios turísticos. 

En México, la informalidad es uno de los grandes baches del mercado laboral. Con una de las tasas más altas de informalidad de los grupos OCDE, G-20, e incluso también de la región latinoamericana, cerca de 6 de cada 10 trabajadores están desprotegidos: no tienen una relación laboral, acceso a prestaciones, acceso a seguridad social e instituciones de salud y en algunos casos tampoco son remunerados en tiempo y forma.  

Una de las complejidades de la economía informal es precisamente que no es posible medirla con exactitud; pese a ello, la estimación muestra el peso de estas actividades y su significativa aportación al total del PIB nacional. 

Especialistas e instituciones han proyectado una importante desestabilización del mercado laboral mexicano por la crisis sanitaria. Aunque sólo ha sido posible visualizar los empleos formales perdidos y recuperados, se estima que son muchas más las ocupaciones suprimidas si se considera el sector informal. 

La ETOE (Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo) del Inegi, que se levantó durante los primeros meses de confinamiento -y los más estrictos- mostró durante abril, mayo y junio una caída importante de la tasa de informalidad durante este periodo. Una baja que se relaciona con el encierro y la ausencia, especialmente, de comercios y establecimientos informales. 

Posteriormente, en línea con la reactivación económica, la ocupación en actividades no registradas volvió a incrementar. Al corte del tercer trimestre la tasa de informalidad laboral escaló a 54.2% del total de trabajadores. 

Fuente: Ana Karen García – El Economista