Alberto Ramírez Rivera

Hace tiempo leí un relato donde un jefe de Estado da instrucciones para que se construya en su país un aeropuerto con la mejor tecnología, sobre todo en materia de seguridad.

Concluida y apta para utilizarse en cualquier momento en caso de un golpe de Estado o atentado en contra del gobierno, la terminal aérea quedó lista en poco tiempo, con guardias destacados durante la madrugada, el día y la noche.

Se cavó un túnel subterráneo que tenía su inicio desde las oficinas de la Presidencia, hasta un área estratégica, vigilada e ideada para salir en avión lo más rápido posible.

Este cuento corto del escritor estadounidense Henry Moochle, El Presidente y su Aeropuerto (1952), trata de un presidente que logra mantenerse en el poder por muchos años, mediante una política basada en mentiras y corrupción.

El personaje principal del libro es Harry Lee, quien desde que llega a ocupar el máximo cargo de una nación hace todo lo posible por tener de aliadas a las fuerzas armadas.

Gobierna a un pueblo con graves problemas en todos los rubros, cuya crisis los lleva a saquear comercios, sobre todo de alimentos. Pero para él lo más importante es construir un aeropuerto, que sea lo más moderno de la época.

Eso sí, la terminal aérea la instalan en un sitio funcional, pero no para los usuarios de este medio de transporte aéreo, sino para las pretensiones del mandatario Harry Lee.

El presidente Lee logra alargar por 30 años su mandato, siempre con el uso del terror, las mentiras y falsas promesas al pueblo, así como amenazas a su gabinete en caso de desobedecer sus órdenes.

El mandatario termina su vida de una forma terrible, pues las humillaciones y el maltrato a las fuerzas armadas son vengadas por las mismas.

Hay desobediencia y rebeldía entre el Ejército, por lo que a Harry Lee lo dejan solo y abandonado a su suerte.

Al final, el pueblo se levanta en armas con el apoyo de los soldados. Un numeroso de obreros y campesinos aprovechan la ocasión y linchan a pedradas y machetazos al jefe de Estado.

A grandes rasgos, esta es la historia de un jefe del ejecutivo que es mostrado como un mal gobierno, con todos los defectos habidos y por haber utilizados en contra de mujeres y hombres.

A la vez, nos presenta a un pueblo valiente y decidido en su mayoría, quien toma conciencia del daño que se le hace y, por ello, no le queda de otra que dar su merecido a Lee.

Ironías de la vida, el aeropuerto nunca fue utilizado por ese presidente, debido a que terminó en la soledad, sin el apoyo de nadie.

“Fue echado al corral con estiércol y animales que tenían tres días sin haber comido,”, como lo dice al final del relato un soldado a los periodistas.

Concluyo con un conocido refrán popular: “cualquier parecido con la vida real es mera coincidencia”.