Francisco Garfias

El desenlace de la batalla por la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores será crucial para lo que se viene. El clima se anuncia caliente el año que entra. Va a ser el preámbulo del 2024. En ese cargo se requiere un hombre sereno, maduro, incluyente, que respete a la oposición. De por sí estamos polarizados, y esa división alcanzó ya a la bancada de Morena en la Cámara alta. Sólo dos integrantes de grupo mayoritario han levantado la mano para suceder a Olga Sánchez CorderoAlejandro Armenta, delfín de Ricardo Monreal, y José Narro Céspedes, cobijado por el “ala dura” de la bancada.

Sabemos que no será el voto de los senadores de Morena el que decida quién se queda con la presidencia de la Mesa Directiva, sino el dedo del gran elector de ese partido. 

Las condiciones no son las mismas que cuando inició la Legislatura. Hoy los vientos favorecen a los radicales, que han ganado terreno con el Presidente. A los moderados, encabezados por el coordinador de la bancada de Morena, Ricardo Monreal, los mantienen a distancia de Palacio Nacional.

* Del tema hablamos con el senador José Narro. Nos sorprendieron sus dichos. Asegura que las relaciones entre el Presidente y la bancada de Morena en el Senado están suspendidas en lo colectivo. Hace año y medio que López Obrador no recibe al grupo para evaluar lo avanzado en el terreno legislativo, al término de los periodos de sesiones. Hay también situaciones protocolarias a las que el Presidente tendría que asistir, pero no lo ha hecho. ¿Ejemplo? La entrega de la Medalla Belisario Domínguez, la máxima presea que otorga el Senado a un ciudadano distinguido. “Todo eso significa que hay un proceso de alejamiento”, concluye Narro.

* Lo primero que nos dice el legislador por Zacatecas, en la charla que sostuvimos en restaurante de Reforma, es que el Senado requiere una democratización. Explica: “Eso significa dar espacios a los senadores: lograr que la Cámara salga de la bola de cristal y vaya a territorio. Lo dijo el Presidente: menos oficina y más territorio”. Agrega: “La Mesa Directiva puede democratizar en el sentido de dar más juego a las comisiones: buscar que el Senado sea un espacio de debate, pero también de acuerdo político. Necesitamos elevar el tono de la discusión y bajarle a la reyerta, a los adjetivos. Aunque haya diferencias con el PRI, el PAN, el PRD y el MC, hay la coincidencia de sacar adelante al país”.

— ¿Reconoces el liderazgo de Ricardo Monreal?, preguntamos de bote pronto. 

— Monreal no ha dejado de ser un líder. Tiene todavía una parte importante del grupo. Ahorita él es el que coordina la fracción parlamentaria con audacia, inteligencia y oficio político, respondió.

— ¿Es el hombre que debe estar al frente de la Junta de Coordinación Política en 2023?, insistimos.

— Eso hay que preguntárselo a los senadores. No estoy metido en el tema de la Junta. En Morena nos interesa mantener la unidad y a Ricardo con nosotros. No debemos dar motivos o agraviar al que se quera salir. Debemos construir escenarios para mantener el proyecto unidos y construir en torno al Presidente.

* No se necesita un sesudo análisis para sostener que la declaración del Tren Maya como “obra de seguridad nacional” es una burla a los jueces, al Poder Judicial, a la Constitución, a los mexicanos. Suspender la construcción del tramo cinco (Cancún-Tulum) no es un riesgo o una amenaza para el país; tampoco atenta contra la soberanía, la independencia y la defensa del territorio. No altera el orden constitucional ni pone en peligro la unidad de la Federación. Mucho menos la estabilidad democrática. No cumple ningún supuesto de la Ley de Seguridad Nacional. Es una burda maniobra para evitar que los amparos se le atraviesen a un hombre que se siente la encarnación del pueblo mexicano y que, en su nombre, arrasa con bosques enteros, pasa por encima de vestigios arqueológicos, insulta y descalifica al que qué se le opone.

Un juez otorgó, en abril pasado, la suspensión definitiva de las obras en el tramo cinco. No le gustó al hombre de Palacio, que de inmediato calificó de “corruptos” a los integrantes de la organización Sélvame del Tren, a Greenpeace, y todo lo que huela a oposición a su tren de seguridad nacional. La obra se reanudó la semana pasada, a pesar de la citada suspensión definitiva. La decisión de no respetar el fallo del juez se apoyó en un decreto firmado por López Obrador que declara obras de seguridad nacional todos sus megaproyectos. 

Quedó claro el alcance de aquella declaración que refleja a López Obrador de cuerpo entero: “No me vengan con el cuento de que la ley es la ley…”.

Publicado en excelsior