El trabajo científico enfocado en la preservación del agua adquiere una relevancia urgente. En este escenario, las investigadoras Ivonne Linares Hernández y Verónica Martínez Miranda, académicas del Instituto Interamericano de Tecnología y Ciencias del Agua de la Universidad Autónoma del Estado de México, han sido reconocidas por su destacada contribución en este ámbito durante el homenaje “Mujeres que dejan huella”, organizado por la Comisión Nacional del Agua.

Este reconocimiento no solo celebra la trayectoria individual de ambas científicas, sino que también visibiliza el papel de la investigación universitaria en la generación de soluciones ambientales con impacto social. Para Linares Hernández, el galardón representa “una gran satisfacción y un gran orgullo como mujer y como científica mexiquense”, destacando que este logro es resultado de años de trabajo colaborativo.

Uno de los aportes más innovadores liderados por estas académicas radica en el desarrollo de un material absorbente a partir de un residuo cotidiano: el cascarón de huevo. Este proyecto propone una alternativa sustentable para mejorar los procesos de tratamiento de aguas residuales, aprovechando las propiedades fisicoquímicas de este desecho orgánico para remover contaminantes complejos.

La investigación ha demostrado que el cascarón de huevo puede actuar como un biofiltro eficaz en la etapa de “pulimento” del tratamiento del agua, es decir, en la fase final antes de su descarga en cuerpos naturales. Según Martínez Miranda, este material tiene la capacidad de absorber sustancias como colorantes, fósforo, nitrógeno, así como residuos de fármacos y productos de cuidado personal, elementos que comúnmente persisten en las aguas residuales domésticas y representan un riesgo ambiental significativo.

“Este material complementa los sistemas de tratamiento existentes y permite mejorar la calidad del agua para cumplir con la normatividad ambiental”, explicó la investigadora. La propuesta no solo destaca por su eficiencia, sino también por su bajo costo y accesibilidad, características que la convierten en una opción viable para su implementación en diversas comunidades.

Más allá del laboratorio, el proyecto se ha nutrido de la interacción constante con la sociedad. Las investigadoras subrayan que la colaboración con estudiantes, tesistas, organizaciones sociales y otros actores ha sido clave para fortalecer el alcance de la iniciativa. Este enfoque participativo ha permitido que la ciencia no se limite a la generación de conocimiento, sino que se traduzca en soluciones concretas para problemáticas reales.

Asimismo, Linares Hernández y Martínez Miranda coincidieron en la importancia de iniciativas como “Mujeres que dejan huella” para visibilizar el trabajo de las científicas y fomentar la participación femenina en la investigación. En un campo históricamente dominado por hombres, estos espacios de reconocimiento contribuyen a inspirar a nuevas generaciones.

“Es fundamental que las niñas y jóvenes sepan que sí se puede hacer investigación. Con esfuerzo, dedicación y colaboración entre mujeres y hombres se pueden lograr grandes aportaciones para la sociedad”, afirmaron.

Tras este reconocimiento, ambas académicas tienen como objetivo ampliar la aplicación de su tecnología en distintas plantas de tratamiento, con la finalidad de mejorar la calidad del agua que se descarga en ríos y otros cuerpos hídricos. Esta proyección abre la puerta a un impacto aún mayor, tanto a nivel ambiental como social.

Finalmente, las investigadoras hicieron un llamado a los jóvenes a involucrarse en la ciencia con una visión comprometida con el entorno. “Queremos que los estudiantes desarrollen su creatividad y vocación, que busquen aportar soluciones reales a los problemas del mundo. Solo así podremos dejar una huella positiva en la sociedad”, concluyeron.