La Facultad de Antropología de la Universidad Autónoma del Estado de México se convirtió en escenario de un encuentro académico y cultural que reivindicó el valor de las expresiones musicales de los pueblos originarios. El Primer Coloquio de Antropología, Música y Danza reunió a especialistas nacionales e internacionales para reflexionar sobre el papel de la música y la danza en la construcción de las sociedades humanas y, especialmente, sobre la permanencia de las tradiciones sonoras ancestrales en el México contemporáneo.

Con sede en Toluca, este coloquio congregó 41 ponencias distribuidas en cinco líneas temáticas, en las que investigadores, antropólogos, músicos y especialistas abordaron la relación entre las manifestaciones artísticas y los procesos históricos, rituales y sociales de distintas culturas. Sin embargo, una de las participaciones que más llamó la atención fue la conferencia magistral “Voces del viento. Sonoridades ancestrales”, impartida por el constructor de instrumentos musicales prehispánicos Agustín García Reyes.

Durante su intervención, García Reyes invitó al público a reflexionar sobre el origen mismo de la comunicación humana. “El origen de la comunicación humana radica en los sonidos; no existía un lenguaje estructurado, pero sí la necesidad de expresar lo que sucedía”, expresó al inicio de su ponencia, marcando el tono de una conferencia que combinó investigación histórica, interpretación musical y una profunda reivindicación cultural.

El especialista explicó que antes de la existencia del lenguaje articulado, los seres humanos recurrieron a sonidos corporales y guturales para transmitir emociones, advertencias y experiencias colectivas. Con el paso del tiempo, esas expresiones derivaron en la creación de instrumentos sonoros que no estaban concebidos exclusivamente para el entretenimiento, sino para cumplir funciones rituales, espirituales y comunitarias.

En este contexto, García Reyes destacó que muchas culturas mesoamericanas desarrollaron instrumentos con significados ceremoniales profundamente ligados a la cosmovisión de sus pueblos. Flautas, ocarinas, tambores y resonadores acompañaban ceremonias religiosas, rituales funerarios y actos colectivos que buscaban fortalecer el vínculo espiritual entre las personas y la naturaleza.

Como parte de la conferencia, el investigador presentó diversas réplicas elaboradas en su taller ubicado en Metepec. Entre los instrumentos destacó el denominado “silbato de la muerte”, un resonador asociado con culturas mayas y totonacas, cuyo sonido estremeció a los asistentes por su intensidad y carácter inquietante.

“Parece el grito de una mujer que nos estremece. Existe una crónica muy interesante de un conquistador anónimo que relata cómo ciertos sonidos provocaban miedo y desmayos entre quienes los escuchaban; posiblemente se refería a este instrumento”, relató García Reyes mientras mostraba una de las piezas más representativas de su colección.

La demostración sonora incluyó interpretaciones con flautas dobles y triples, ocarinas y resonadores pertenecientes a culturas maya, mexica, totonaca y del Occidente de México. Cada instrumento permitió a los asistentes acercarse a una dimensión pocas veces escuchada de las civilizaciones prehispánicas: la del sonido como medio de conexión espiritual y social.

El especialista enfatizó que estas expresiones no desaparecieron por completo con la Conquista, sino que muchas sobrevivieron gracias al sincretismo cultural entre las tradiciones mesoamericanas y las prácticas religiosas introducidas por los españoles. Según explicó, algunas celebraciones actuales conservan elementos rituales de origen prehispánico, particularmente en comunidades indígenas donde continúan utilizándose flautas y tambores ceremoniales.

“Gracias al sincretismo cultural entre las prácticas mesoamericanas y las tradiciones traídas por los españoles, hoy existen celebraciones de Semana Santa que coinciden con ceremonias de pueblos originarios donde continúan utilizándose flautas y tambores. Considero que son reminiscencias de estos cultos ancestrales”, señaló.

Además del valor histórico y antropológico de estos instrumentos, García Reyes destacó el creciente interés por rescatar las sonoridades antiguas y preservar la memoria cultural de los pueblos originarios. En los últimos años, investigadores, músicos y artesanos han impulsado proyectos orientados a reconstruir instrumentos ancestrales y estudiar sus funciones dentro de las antiguas sociedades mesoamericanas.

“Actualmente existe una intención de rescatar los instrumentos y la música antigua como una forma de honrar y preservar la memoria de los pueblos originarios”, afirmó.

El Primer Coloquio de Antropología, Música y Danza de la UAEMéx no solo abrió un espacio para el análisis académico, sino que también permitió que estudiantes y asistentes experimentaran de manera directa la riqueza sonora de las culturas originarias de México. A través de estas actividades, la universidad reafirmó la importancia de preservar el patrimonio intangible y fomentar el diálogo entre la investigación científica y las expresiones culturales tradicionales.

Al cierre de su participación, García Reyes hizo un llamado a reconocer el legado histórico de las civilizaciones originarias y a comprenderlas desde una visión de respeto y dignidad.

“Debemos respetar a las naciones que nos antecedieron, porque así se concebían a sí mismas: como naciones estables, los pueblos originarios”, concluyó.