Por Daniel Lee
Passaic, Nueva Jersey. Lejos de los discursos que reducen a los migrantes a simples remitentes de remesas o mano de obra temporal, líderes comunitarios, empresarios, especialistas y representantes de organizaciones binacionales se reunieron en la primera edición de la Conferencia Con-ALMA 2026 bajo el lema “Economía sin Fronteras: Inversión, Negocio y Comunidad”, un espacio que colocó en el centro del debate el papel estratégico de las comunidades migrantes en la relación económica entre México y Estados Unidos.
Organizada por la Alliance of Mexicans & Americans (ALMA), Fuerza Migrante y la Plataforma de Coordinación Transnacional, la conferencia se desarrolló en el centro comunitario Mi Casa es Puebla, en la ciudad de Passaic, Nueva Jersey, convocando a emprendedores, académicos, líderes comunitarios, empresarios y ciudadanos interesados en analizar cómo la economía binacional está siendo impulsada por millones de mexicanos que viven y trabajan en territorio estadounidense.
La jornada partió de una premisa contundente: la relación económica entre México y Estados Unidos no puede entenderse únicamente desde los acuerdos comerciales, las estadísticas gubernamentales o las decisiones políticas tomadas en Washington y Ciudad de México. Existe una tercera fuerza, cada vez más influyente, integrada por las comunidades migrantes que generan riqueza, crean empleos, consumen productos, realizan inversiones y mantienen vivos los vínculos económicos entre ambos países.
Durante las distintas mesas de discusión, los participantes coincidieron en que los migrantes mexicanos han dejado de ser observadores pasivos de la economía binacional para convertirse en actores económicos de primer orden. Desde pequeños negocios familiares hasta empresas de alcance regional, las comunidades migrantes están construyendo puentes comerciales que fortalecen cadenas de suministro, promueven exportaciones mexicanas y generan oportunidades de desarrollo en ambos lados de la frontera.
Uno de los temas centrales fue el papel de los productos mexicanos en la nueva etapa de regionalización económica que vive América del Norte. Los participantes analizaron cómo las tensiones comerciales globales y la reorganización de las cadenas productivas están abriendo nuevas oportunidades para empresarios de origen mexicano que conocen tanto el mercado estadounidense como el mexicano. En este contexto, se destacó la necesidad de impulsar mecanismos que faciliten la participación de emprendedores migrantes en proyectos de inversión y comercio transfronterizo.
Otro de los ejes relevantes fue el empoderamiento femenino y el liderazgo empresarial de las mujeres migrantes. Durante el foro se expusieron experiencias de empresarias que han logrado consolidar proyectos productivos y generar empleo en sus comunidades. Los asistentes coincidieron en que el fortalecimiento del liderazgo económico de las mujeres representa una de las herramientas más eficaces para promover el desarrollo comunitario y ampliar la participación de la población migrante en la toma de decisiones económicas.
La discusión sobre remesas también ocupó un lugar destacado. Sin minimizar la importancia de los recursos que millones de familias reciben cada año, diversos participantes señalaron que el verdadero desafío consiste en evolucionar hacia esquemas que permitan transformar parte de esos recursos en inversión productiva, generación de patrimonio y desarrollo comunitario sostenible.
Más allá de los aspectos financieros, la conferencia dejó claro que las comunidades migrantes buscan ser reconocidas como un actor político y económico con capacidad de incidencia. Diversos ponentes señalaron que los migrantes aportan miles de millones de dólares en impuestos, sostienen sectores fundamentales de la economía estadounidense y continúan contribuyendo al desarrollo de sus comunidades de origen en México. Sin embargo, consideraron que ese peso económico aún no se refleja plenamente en los espacios de representación y toma de decisiones.
En este sentido, líderes vinculados a Fuerza Migrante subrayaron la necesidad de construir una agenda binacional que reconozca a la diáspora mexicana como una comunidad con derechos, capacidades empresariales y potencial de inversión. La organización ha sostenido de manera reiterada que los migrantes deben ser considerados socios estratégicos para el desarrollo económico de ambos países y no únicamente beneficiarios de programas gubernamentales.
Aunque la conferencia no concluyó con la firma de acuerdos formales o resoluciones oficiales, sí permitió delinear una serie de objetivos compartidos entre los participantes: fortalecer las redes empresariales binacionales, impulsar la inversión de capital migrante, promover el liderazgo económico de las mujeres, ampliar la vinculación entre emprendedores y autoridades, y fomentar mecanismos que conviertan las remesas en instrumentos de desarrollo comunitario.
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