Javier Divany Bárcenas
Que dirían mis abuelas si viera como está el lugar donde quedaron sus restos, pedirían a Dios que las sacaran de ahí u otra residencia para su eterno descanso. Y bueno no es para menos, ni a mí me gustaría quedar en un lugar tan aterrador como se encuentra el panteón San Isidro, en la delegación Azcapotzalco.
Tumbas saqueadas de los restos óseos y destruidas, escombros por todos lados, árboles que se han apropiado de las tumbas, al igual que gigantes magueyes, que suplen los cristos, ángeles y vírgenes de las lápidas.
No se puede caminar, parece una zona de guerra como si fuera Irán, Pakistán, Israel… Medio Oriente, como un área bombardeada. Por las calles dentro del panteón escombros por todos lados, flores secas, ramas, basura, cemento seco, pedazos de floreros viejos de grafito, la Virgen María, San Juditas y Cristos rotos que ya terminaron su permanencia para el cuidado de los difuntos, y ahora terminarán en la basura.
Después de muchos años regrese con mi madre al panteón San Isidro, a donde mi padre me llevaba de niño para dejarles flores a mis abuelas maternas. Mi madre ya ni se acuerda de donde quedaron sus seres queridos. Una gran decepción, de cómo las autoridades del gobierno de la Ciudad de México y de la delegación Azcapotzalco tienen ese lugar de reposo de las almas.
Son décadas en que las autoridades delegacionales de Azcapotzalco han tenido en el olvido el Panteón San Isidro, y como no hay nadie responsable, pues el lugar está al negocio de los administradores en turno.
El Panteón San Isidro, ubicado en la alcaldía Azcapotzalco, tiene 151 años de antigüedad, creado en el año 1875, el cual cuenta con una superficie de más de 31 hectáreas, lo que lo convierte en el tercer cementerio más grande de la capital.
De acuerdo al Reglamento de Cementerios, Crematorios y Servicios Funerarios o Reglamento de Panteones, la responsable directa es la alcaldesa de Azcapotzalco, Nancy Marlene Núñez Reséndiz, quien me imagino no se ha dado una vuelta en todo este tiempo de su gobierno para ver y revisar el estatus del Panteón San Isidro, porque no es algo que le cause problema, ni les interesa.
La jefa de gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, tiene mil cosas por delante que ver el estado o funcionamiento de un panteón, y lo mismo sucede con los diputados de la Asamblea Legislativa de esta Ciudad.
El tema es, que al igual que el Panteón San Isidro, otros panteones antiguos están en las mismas condiciones, saqueados por delincuentes de restos óseos y destruidos, esto ante la falta de una buena legislación que permita reconstruir los panteones populares de la Ciudad.
Una Ley que permita a los familiares de las perpetuidades obtener beneficios para poder reusarlos y que puedan reconstruir las tumbas y darle otro aspecto, así también legislar para que en un tiempo determinado la ley exija el reclamo de los espacios, de no ser así, revenderlos para que otros pudieran ocuparlos y no estén en el abandono. Quizá solo ideas para evitar la operación de los delincuentes que saquean las tumbas.
El Reglamento de Cementerios, Crematorios y Servicios Funerarios o Reglamento de Panteones, es ya obsoleto y si le sumamos el desinterés de las autoridades del gobierno de la Ciudad y delegacional pues tenemos lo que hoy se ve a simple vista un panteón viejo y olvidado, también por los propietarios, que quizá ya nadie exista de esas raíces familiares.
Y la ley marca que es la alcaldía la autoridad administrativa directa encargada de operar los panteones civiles, mantener las instalaciones, asignar fosas y cobrar los derechos correspondientes. Así también la Secretaría de Salud del gobierno federal y la Secretaría de Salud Pública de la CDMX como autoridad sanitaria encargada de supervisar el control de inhumaciones, exhumaciones y cremaciones, garantizando que se cumplan las normas de salubridad.
Aunque no nos tocará estar en este panteón, por dignidad de quienes hoy “descansan” habrían de mejorar y dignificar las condiciones de San Isidro.
@javierdivanybz

