La senadora Maki Esther Ortiz Domínguez presentó un Punto de Acuerdo para exhortar a la Secretaría de Salud, la Secretaría de las Mujeres, y a las instituciones del Sistema Público de Salud, para que revisen, fortalezcan y actualicen los Protocolos Nacionales de Atención Médica (PRONAM), los Protocolos de Atención Integral (PAi), las Guías de Práctica Clínica (GPC) y demás instrumentos técnicos aplicables para la prevención, detección, diagnóstico, tratamiento y seguimiento de enfermedades cardiometabólicas, incorporando perspectiva de género, curso de vida y factores de riesgo específicos de las mujeres.
Explicó que según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), entre las principales causas de defunción en las mujeres se encuentran las enfermedades del corazón, la diabetes mellitus, los tumores malignos y las enfermedades cerebrovasculares, es decir, los padecimientos sobre los que versa su propuesta, por lo que afirmó que la actualización de instrumentos clínicos con perspectiva de género debe concentrarse en enfermedades cardiometabólicas de alta prevalencia e impacto, y no en un universo indeterminado de afecciones.
Agregó que en las mujeres, antecedentes como preeclampsia, eclampsia, diabetes gestacional, menopausia y ciertas formas de enfermedad microvascular tienen valor pronóstico relevante en el riesgo cardiovascular futuro, pero con frecuencia no se incorporan de manera suficiente al abordaje clínico integral.
Ante este panorama, explicó que el objetivo del exhorto no es simplemente «diferenciar intervenciones según el género» de manera abstracta, sino incorporar perspectiva de género, enfoque de curso de vida y factores de riesgo específicos de las mujeres en la revisión y fortalecimiento de los instrumentos clínicos aplicables.
En el caso de la Secretaría de las Mujeres, recordó que no es autoridad sanitaria emisora de instrumentos clínicos, pero sí es una instancia estratégica que puede ayudar en la incorporación de perspectiva de género, derechos humanos, interseccionalidad e interculturalidad en las políticas públicas.
Finalmente, explicó que su proposición se sostiene en tres premisas. La primera, que las enfermedades cardiometabólicas representan una carga creciente para la salud pública mexicana, con un impacto severo en la vida y salud de millones de mujeres. Segunda, que la perspectiva de género en salud debe incorporarse en instrumentos técnicos que orientan la prevención, detección, diagnóstico, tratamiento y seguimiento de padecimientos de alta prevalencia, y, por último, que para lograrlo es indispensable respetar la distribución de competencias dentro del sector salud.

