Ciudad de México

09/07/2026

El desafío hoy trasciende colores partidistas. Se trata de defender el Estado de Derecho, la Constitución, las instituciones y las libertades de las y los mexicanos. Por ello, es indispensable construir un frente amplio, plural y democrático que reúna a todas las fuerzas comprometidas con la legalidad, el respeto a los derechos humanos, a los contrapesos y al voto ciudadano, afirmó el presidente del PRI en la Ciudad de México, Israel Betanzos Cortes.

“El llamado es a abrir puentes de diálogo, concertación, cooperación y alianzas, que vuelvan a poner a México en el lugar de actor principal en el mundo y principalmente en América Latina, que por muchos años preservamos, como un país referente de desarrollo económico, político y social. Para ello es necesario garantizar que se respete el Estado de Derecho, que se fortalezcan las instituciones y se garanticen elecciones libres, democráticas y equitativas”.

La democracia, subrayó, no puede sostenerse sobre la polarización, la intimidación, la persecución o la impunidad; es momento de reconstruir la confianza ciudadana y devolverle al país un rumbo basado en la legalidad, la transparencia y la rendición de cuentas.

“Mientras los ciudadanos de los países de América Latina se encuentran echando al populismo autoritario, por su probada incapacidad y resultados negativos en el ejercicio de sus gobiernos, el oficialismo se atrinchera en su cerrazón ideológica de no tender puentes de diálogo y de quehacer político, negándose a generar nuevas alianzas que beneficien a nuestro país y a las y los mexicanos”.

El dirigente priísta señaló que las revisiones anuales al Tratado de Libre Comercio (TMEC) anunciadas por el gobierno de Estados Unidos, han hecho entrar a este acuerdo en un modo “zombie”, que genera el impuesto más caro que se puede pagar: la incertidumbre.

Refirió que en el ámbito laboral, 1 de cada 4 empleos dependen de la permanencia de este tratado y por lo tanto, defenderlo es defender los empleos de la gente. Este acuerdo, impulsado por el PRI, se ha traducido en una balanza comercial que ha favorecido a nuestro País en la generación de millones de empleos, así como el acceso a productos y servicios que mejoran la competencia y, por ende, los precios finales al consumidor.

El Tratado no fue un regalo ni un accidente histórico: fue el resultado de décadas de construcción institucional, de negociaciones que entendieron la integración norteamericana como una política de Estado, no como una bandera de un solo gobierno o partido. Cuando se trata la relación con socios comerciales como un espacio para la confrontación retórica en lugar de la construcción de acuerdos, el costo no lo paga la clase política: lo pagan los trabajadores, los productores y la pequeña empresa exportadora que depende de reglas estables para planear sus proyectos de mediano y largo plazos.

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