Durante generaciones, las serpientes han sido protagonistas de relatos cargados de miedo, superstición y desinformación. Su imagen suele asociarse con el peligro y la agresividad, una percepción que ha provocado que muchas personas reaccionen con temor e incluso busquen eliminarlas al encontrarlas en su entorno. Sin embargo, especialistas de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) advierten que esta visión dista mucho de la realidad y, en el marco del Día Mundial de la Serpiente, hacen un llamado a valorar el papel fundamental que estos reptiles desempeñan en la naturaleza y en el desarrollo de la ciencia.

Miguel Ángel Mejía Sánchez, egresado de la Licenciatura en Biología de la UAEMéx, explicó que las serpientes son piezas clave para mantener el equilibrio de los ecosistemas, ya que participan activamente en la regulación de poblaciones de distintas especies. Al alimentarse de roedores, aves y otros reptiles, ayudan a controlar organismos que, en exceso, podrían convertirse en plagas o alterar el funcionamiento de los ecosistemas. Al mismo tiempo, ellas forman parte de la dieta de mamíferos y aves rapaces, lo que las convierte en un eslabón indispensable dentro de las cadenas alimenticias.

El especialista destacó que, lejos de la imagen de animales agresivos que suele difundirse, las serpientes tienen un comportamiento principalmente defensivo. Explicó que estos reptiles no buscan confrontaciones con las personas y que, por el contrario, prefieren evitar cualquier contacto que represente un riesgo para ellas.

«Las serpientes son animales increíbles; siempre hay algo que aprender de ellas. No son agresivas, sino defensivas, porque no les gusta que las molesten. Al contrario, son animales muy pacíficos y con comportamientos muy curiosos», afirmó.

México ocupa un lugar privilegiado en cuanto a biodiversidad de serpientes. De las aproximadamente 27 familias que existen en el mundo, nueve se encuentran en territorio nacional, lo que convierte al país en una de las regiones con mayor riqueza de herpetofauna. Esta diversidad les ha permitido adaptarse prácticamente a cualquier ambiente, desde bosques y selvas hasta zonas desérticas, ambientes marinos e incluso espacios subterráneos.

A pesar de esta riqueza biológica, muchas especies enfrentan amenazas derivadas de la actividad humana, especialmente por el desconocimiento y el miedo que generan. Mejía Sánchez explicó que uno de los mitos más persistentes es la creencia de que las serpientes persiguen deliberadamente a las personas para atacarlas, una idea completamente alejada de su comportamiento natural.

El biólogo señaló que las mordeduras ocurren, en la mayoría de los casos, cuando el animal se siente acorralado o percibe que no tiene una ruta de escape. Por ello, recomendó que, si una persona encuentra una serpiente, lo más adecuado es mantener una distancia prudente y permitir que continúe su camino sin intentar manipularla o agredirla.

«Cuando una serpiente muerde es porque se siente amenazada o no encuentra una vía para escapar. Si nos encontramos con una, lo mejor es mantener la distancia y permitirle seguir su camino. Ellas no buscan a las personas; simplemente compartimos el mismo espacio», explicó.

El especialista también destacó que la presencia de serpientes no se limita a ecosistemas alejados de las ciudades. Diversas especies continúan habitando espacios urbanos donde todavía existen áreas verdes y fragmentos de vegetación natural. En el caso de Toluca, señaló que sitios como el Parque Sierra Morelos y el Parque Toluca 2000 representan refugios donde la fauna silvestre aún encuentra condiciones para sobrevivir, demostrando que la biodiversidad puede coexistir con el crecimiento urbano cuando existen espacios adecuados para su conservación.

Además de su relevancia ecológica, las serpientes han contribuido significativamente al avance de la medicina moderna. El estudio científico de sus venenos ha permitido identificar compuestos con aplicaciones terapéuticas que hoy benefician a millones de personas en el mundo. Uno de los ejemplos más representativos es el desarrollo del Captopril, un medicamento ampliamente utilizado para tratar la hipertensión arterial, cuya investigación tuvo origen en sustancias presentes en el veneno de una serpiente sudamericana.

Este tipo de descubrimientos evidencia que la biodiversidad constituye una fuente invaluable de conocimiento científico y de innovación médica, por lo que la conservación de estas especies representa también una inversión en el futuro de la salud humana.

Respecto al creciente interés por mantener serpientes como animales de compañía, Mejía Sánchez subrayó que esta decisión implica una gran responsabilidad. Explicó que estos reptiles no establecen vínculos afectivos similares a los de perros o gatos, sino que únicamente llegan a tolerar la presencia humana. Por ello, quienes decidan tener una serpiente deben informarse adecuadamente sobre sus necesidades de alimentación, temperatura, espacio y manejo, además de asegurarse de que el ejemplar provenga de un criadero legal y no del tráfico ilegal de fauna silvestre. Estas precauciones son aún más importantes cuando se trata de especies venenosas o de gran tamaño.

Finalmente, el egresado de la UAEMéx hizo un llamado a transformar el miedo en conocimiento y reconocer que todas las especies cumplen una función esencial dentro de los ecosistemas. Recordó que la conservación de la biodiversidad no depende únicamente de proteger a los organismos más carismáticos, sino también a aquellos que históricamente han sido incomprendidos.

«Todos los organismos tienen derecho a existir. Como seres humanos, tenemos la responsabilidad de conservarlos, aunque no sean de nuestro agrado. Las serpientes son piezas fundamentales de la historia evolutiva, sostienen el equilibrio de los ecosistemas y han aportado beneficios médicos extraordinarios. Conservarlas también es una forma de cuidar nuestro propio futuro», concluyó Miguel Ángel Mejía Sánchez.