La transformación de las universidades no depende únicamente de nuevas tecnologías, planes de estudio o infraestructura académica. También exige revisar la manera en que se enseña y se aprende. Bajo esta premisa, la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) colocó la formación docente en el centro de la discusión sobre el presente y futuro de la educación superior, durante el simposio El papel de la formación docente en la transformación de la Universidad Autónoma del Estado de México.

El encuentro, organizado por la Secretaría Académica y la Dirección de Desarrollo del Personal Académico, reunió a integrantes de la comunidad universitaria para analizar los desafíos que enfrenta la enseñanza ante los cambios tecnológicos, sociales y educativos que están modificando las dinámicas dentro y fuera de las aulas.

Durante la apertura se destacó que cualquier proceso de transformación institucional debe estar acompañado por una renovación de las prácticas docentes. En ese sentido, la formación del profesorado fue planteada como un proceso permanente, situado en las necesidades concretas de las comunidades universitarias y estrechamente vinculado con las condiciones de una sociedad en constante cambio.

El secretario Académico de la UAEMéx, Francisco Herrera Tapia, sostuvo que la docencia constituye uno de los pilares de la transformación universitaria. Detrás de cada programa educativo, innovación tecnológica, laboratorio o política académica, señaló, existe el trabajo cotidiano de las y los profesores, quienes tienen la responsabilidad de convertir el conocimiento en experiencias de aprendizaje significativas.

Desde esta perspectiva, formar profesionistas implica mucho más que transmitir conocimientos especializados. La universidad enfrenta el reto de contribuir a la formación de personas capaces de analizar su realidad, pensar críticamente, colaborar con otros, reconocer y valorar la diversidad y utilizar de manera responsable las herramientas tecnológicas disponibles.

Uno de los temas centrales del simposio fue precisamente el impacto de la inteligencia artificial en la educación superior. Frente al crecimiento de estas herramientas, se planteó que su incorporación a las actividades académicas debe realizarse con criterios pedagógicos, éticos y críticos.

Herrera Tapia señaló que la inteligencia artificial puede ampliar las capacidades de las y los docentes, pero no sustituye al profesorado ni las competencias que requiere una educación de calidad. La tecnología, desde esta visión, debe permanecer como un recurso al servicio de la enseñanza y del aprendizaje, y no convertirse en el objetivo principal del proceso educativo.

El desafío consiste, por tanto, en encontrar un equilibrio entre innovación tecnológica y dimensión humana. La incorporación de nuevas herramientas demanda docentes capaces de evaluar sus alcances y limitaciones, promover el pensamiento crítico entre el estudiantado y orientar el uso responsable de la información y de las tecnologías emergentes.

Por su parte, Marco Antonio Luna Pichardo, director de Desarrollo del Personal Académico, explicó que el simposio fue concebido como un ejercicio para reflexionar sobre el presente y el futuro de la UAEMéx, colocando la formación docente como un elemento estratégico dentro de la transformación universitaria.

El funcionario destacó que las discusiones desarrolladas durante el encuentro buscan trascender el espacio del simposio y convertirse en insumos para el diseño de estrategias y programas de formación docente, procesos de innovación curricular y acciones de acompañamiento pedagógico.

La intención es que estas iniciativas respondan tanto a las necesidades de la comunidad universitaria como a las transformaciones que experimenta el entorno social. Con ello, la actualización del profesorado deja de entenderse únicamente como capacitación técnica y se plantea como un proceso integral de desarrollo profesional.

Como parte de las actividades se llevó a cabo la conferencia magistral La deconstrucción de tres mitos en la educación superior, impartida por la académica Rosa María Ramírez Martínez. Durante su participación, llamó a las y los docentes universitarios a fortalecer una cultura de mejora continua y asumir una responsabilidad renovada frente a los cambios que atraviesan la educación y la sociedad.

La especialista también subrayó la necesidad de que las conclusiones obtenidas mediante estos ejercicios de reflexión tengan una expresión concreta en los espacios donde ocurre el aprendizaje: aulas, laboratorios, talleres y entornos virtuales, entre otros.

El planteamiento cobra especial relevancia en un contexto en el que las universidades enfrentan simultáneamente la acelerada evolución tecnológica, nuevas formas de acceso al conocimiento y demandas sociales cada vez más complejas. Ante ello, la formación docente aparece como una herramienta para acompañar los cambios sin perder de vista el propósito central de la educación: formar personas con conocimientos, criterio, responsabilidad y capacidad para intervenir en su entorno.

Así, el simposio de la UAEMéx colocó sobre la mesa una idea central: transformar la universidad implica también transformar y fortalecer la práctica de quienes hacen posible la enseñanza. La innovación, la inteligencia artificial y los nuevos modelos educativos pueden abrir oportunidades, pero su impacto dependerá de la capacidad de las instituciones y de su comunidad docente para incorporarlos con sentido pedagógico, pensamiento crítico, inclusión y responsabilidad social.