La economía mexicana atraviesa varias transformaciones simultáneas que suelen analizarse por separado: envejecimiento de la población, pensiones, inteligencia artificial, automatización, empleo juvenil, informalidad, electromovilidad y economía circular. El académico de la Universidad de Guanajuato, Salvador Estrada Rodríguez, propone analizarlas mediante el concepto de Economía de Colores, un enfoque que permite identificar cómo tecnología, sostenibilidad, demografía, consumo e inclusión se relacionan entre sí.

De acuerdo con esta perspectiva, la economía plateada refleja los retos y oportunidades derivados del envejecimiento poblacional, que ya impacta pensiones, salud, vivienda, movilidad y servicios de cuidado. El gasto previsto en pensiones para 2027 ronda los 2.48 billones de pesos, mientras México se acerca a los 18 millones de personas de 60 años y más. Para Estrada, el envejecimiento no debe verse únicamente como una presión fiscal, sino también como un campo para la innovación médica, tecnológica y de servicios.

La economía amarilla representa la transformación tecnológica. La inteligencia artificial y la automatización están modificando el mercado laboral, particularmente para los jóvenes. La Organización Internacional del Trabajo estima que en 2025 hubo 67 millones de jóvenes desempleados en el mundo y advierte que una parte de los empleos de personas de entre 15 y 29 años está altamente expuesta a cambios derivados de la inteligencia artificial. Sin embargo, exposición no significa necesariamente desaparición de empleos, sino transformación de tareas y nuevas formas de complementar el trabajo humano con tecnología.

En México, esta transformación tecnológica ocurre al mismo tiempo que persiste una elevada informalidad laboral. El dato oficial del INEGI para septiembre de 2025 fue de 54.9 por ciento, lo que significa que más de la mitad de la población ocupada se encontraba en alguna modalidad de informalidad. Para Estrada, aquí se produce una intersección entre las economías amarilla y gris: la tecnología avanza rápidamente sobre un mercado laboral donde millones de personas todavía tienen menor acceso a protección social, financiamiento y capacitación.

El análisis también plantea diferenciar automatización, electrificación y sostenibilidad. La industria mexicana se está digitalizando y automatizando, mientras determinados sectores, especialmente el automotriz, avanzan hacia la electrificación. Pero un vehículo eléctrico no es automáticamente una tecnología verde: su beneficio ambiental depende también de cómo se produce la electricidad que utiliza. La dimensión verde aparece cuando existe una reducción comprobable de impactos ambientales.

La industria automotriz permite observar además tres procesos simultáneos: automatización y digitalización, transición hacia sistemas de propulsión eléctrica y cambios en los patrones de consumo. Por ello, el reto para México no consiste solamente en producir y exportar más vehículos, sino en desarrollar conocimiento, ingeniería, componentes, software, capacidades tecnológicas y mayor valor agregado dentro del país.

Otro punto de convergencia aparece en la economía circular, donde tecnología y sostenibilidad pueden encontrarse mediante procesos de reciclaje, recuperación de materiales, reducción de desperdicios y menor consumo energético. La tecnología aporta la innovación, pero su dimensión ambiental depende de que produzca beneficios verificables en el uso de recursos y en la reducción de impactos.

El modelo también incorpora las economías azul, naranja y púrpura: la primera relacionada con el aprovechamiento sostenible de los recursos marinos; la segunda con las industrias culturales y creativas; y la tercera con la diversidad cultural y social. Estrada advierte, sin embargo, que no todo fenómeno económico debe recibir un color. Inflación, tasas de interés, deuda pública o inseguridad forman parte del contexto económico e institucional, pero no constituyen por sí mismos categorías de la Economía de Colores.

La conclusión central es que México no enfrenta una sola transformación, sino varias que avanzan a diferentes velocidades. La inteligencia artificial modifica el empleo mientras persiste la informalidad; la industria se automatiza y electrifica mientras la generación de energía debe avanzar hacia menores emisiones; la población envejece mientras aumentan las necesidades de salud y cuidados, y la economía circular busca reducir desperdicios mientras las empresas enfrentan retos de productividad.

Para Estrada, la utilidad de la Economía de Colores no está en “pintar” las noticias económicas, sino en descubrir las conexiones entre fenómenos que normalmente se estudian por separado. El verdadero desafío para México es lograr que innovación tecnológica, empleo de calidad, transición energética, sostenibilidad, longevidad e inclusión formen parte de una misma estrategia de desarrollo.

Dr. Salvador Estrada Rodríguez
Universidad de Guanajuato
Campus Celaya-Salvatierra
sestrada@ugto.mx