El costo de la canasta alimentaria en México registró un incremento anual superior a la inflación general durante septiembre, lo que intensificó la presión sobre el presupuesto de los hogares, especialmente entre aquellos con menores ingresos. Mientras los precios al consumidor aumentaron 3.5 por ciento anual, el costo de los alimentos básicos subió 5.5 por ciento en las zonas urbanas y 4.9 por ciento en las rurales, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
Las cifras muestran que la diferencia entre el encarecimiento de los alimentos y la inflación general alcanzó dos puntos porcentuales en las ciudades y 1.4 puntos en el campo. Además, el ritmo de aumento se aceleró frente a septiembre de 2025, cuando la canasta alimentaria registraba incrementos anuales de 4.7 por ciento en el ámbito urbano y 3.6 por ciento en el rural.
De acuerdo con el Inegi, una persona necesitó en septiembre 2 mil 590.61 pesos mensuales para cubrir el costo de la canasta alimentaria en las zonas urbanas, mientras que en las rurales requirió mil 940.96 pesos. Estos montos reflejan el gasto necesario para adquirir los alimentos considerados en la medición del organismo.
La cebolla y el jitomate disparan el costo de los alimentos
Entre los productos que más contribuyeron al encarecimiento de la canasta destacó la cebolla, cuyo precio aumentó 89.8 por ciento anual. El jitomate también registró una variación considerable, con un alza de 26.7 por ciento.
En las zonas rurales, la cebolla fue el producto con mayor incidencia en el incremento anual de la canasta alimentaria, al representar 35.7 por ciento de la variación. En segundo lugar se ubicaron los alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar, con 26.3 por ciento, seguidos del jitomate, con 16.1 por ciento.
En las ciudades, el principal factor de presión fue comer fuera de casa, que contribuyó con 32.1 por ciento del aumento anual. La cebolla aportó 25.2 por ciento y el jitomate, 10 por ciento.
Estos resultados evidencian que el encarecimiento no se limita a los productos adquiridos en mercados y supermercados, sino que también alcanza los alimentos consumidos en establecimientos, una alternativa habitual para trabajadores y personas que comen fuera de casa por sus actividades cotidianas.
Transporte y educación también presionan el presupuesto familiar
El impacto sobre el gasto de los hogares va más allá de los alimentos. El indicador de líneas de pobreza del Inegi considera una canasta más amplia que incorpora bienes y servicios no alimentarios.
En septiembre, el costo mensual por persona de esta canasta llegó a 4 mil 951.66 pesos en las zonas urbanas y 3 mil 553.70 pesos en las rurales. En ambos ámbitos, el incremento anual fue de 4.4 por ciento, nuevamente por encima de la inflación general de 3.5 por ciento.
Entre los componentes que contribuyeron al aumento estuvieron el transporte público y los gastos de educación, cultura y recreación. El transporte registró un encarecimiento anual de 9.2 por ciento en las zonas rurales y de 8.4 por ciento en las urbanas.
En la comparación mensual, el costo de la canasta alimentaria aumentó 1.6 por ciento en el ámbito rural y 1.1 por ciento en el urbano. Por su parte, la canasta que incluye alimentos y otros bienes y servicios avanzó 1.1 por ciento en las zonas rurales y 0.9 por ciento en las ciudades.

