Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

El presidente Enrique Peña Nieto cumplirá este domingo, su primer año al frente del gobierno federal. Y los resultados están muy lejos de ser lo que se prometió. Es más, los primeros doce meses del gobierno peñista podrían quedar resumidos en la afirmación del secretario de hacienda, Luis Videgaray, durante su visita a Michoacán: “el estado mexicano está amenazado”.

El señalamiento del titular de las finanzas nacionales va mucho más allá de la situación en Michoacán. Y pone en claro que el problema del país es mucho más serio de lo que se ha querido reconocer. De acuerdo a tal señalamiento, desaparecer poderes en la entidad nada resolvería. La amenaza es al estado, no a una entidad tan sólo.

En este escenario, el balance del primer año de Enrique Peña en el poder es mucho más sencillo. Y mucho más preocupante.

Las promesas de bajar los índices de violencia un 50% están fuera de alcance. Los indicadores han cambiado, pero no ha disminuido la violencia, Hay se dice, menos asesinatos, pero muchos más secuestros. Y la inseguridad es una constante fuera de duda.

Se presume el Pacto por México. Y se debe reconocer que, de alguna manera, este acuerdo ayudó a destrabar la agenda nacional. Pero a cambio, permitió que las reformas que el gobierno considera indispensables para la República se convirtieran en motivo de presiones y chantajes de parte de los partidos de oposición.

De esta manera, el Pacto pasó a ser sólo una coartada para pactitos de coyuntura en los que el gobierno paga, en exceso, por los apoyos de los partidos minoritarios que, además, no tienen rubor alguno en lanzar críticas a lo que no les gusta.

El PPM ha servido, se reconozca o no, para evidenciar el debilitamiento institucional en el país y ha mostrado, con toda claridad, el listado enorme de carencias de nuestra democracia.

En el primer año del actual gobierno los temas de deuda, pobreza, desempleo e inseguridad son aún,

parte del día a día. Y las promesas que se hicieron para cada uno de estos retos, están fuera de los discursos.

Si el PPM quedara fuera del balance, el gobierno no tendría a la mano nada de que hablar. Las reformas que se han aprobado, resultan del trabajo legislativo y del Pacto. Y de muchas maneras, esas reformas resultaron en proyectos que arrancaron con grandes expectativas, para terminar en leyes más bien diluidas que ha nadie han dejado satisfecho.

Este ha sido un año perdido. Un año malo. El crecimiento económico es dramáticamente pobre. La incapacidad del gobierno para comunicar es patética. El compromiso de dar resultados es algo que ha quedado en el olvido y en espera de que algo se logre para el nuevo año. Aquello de que en materia de seguridad se verían los “cambios en el primer año”, habrá por supuesto que olvidarlo.

A todo ello, habrá que agregar el evidente desorden que existe en las filas del gobierno. La distancia entre el Banco de México y la Secretaría de Hacienda es clara. Y la guerra de cifras entre ambas dependencias es evidente. En el sector político los fracasos están a la orden del día. La UNAM se encuentra confrontada con la CNDH por cuestiones de poder y nada más.

La síntesis entonces sería la afirmación de Luis Videgaray: el estado mexicano está amenazado. Y esa síntesis tiene que comprender que este mensaje político, enviado desde la entidad que simboliza junto con Guerrero la descomposición política del país, fue puesto ante la opinión pública por el Secretario de Hacienda, lo cual no hace sino dar relevancia a la descomposición política que enfrenta la República.

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