norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Si la apuesta del gobierno para retomar la iniciativa política en todos los frentes se encuentra en la “tranquilidad” obligada de los días navideños, los sucesos en Michoacán podrían servir de señal sobre los riesgos que se corren con semejante decisión.

No es necesario ser un experto para entender que Guerrero y Michoacán forman parte de una de las zonas políticas más calientes en el país. Y tampoco se requiere de mucho para comprender que los movimientos en una entidad tienen eco, inmediato, en la otra.

Así, si Guerrero ha demostrado que la realidad no se corresponde con los dichos oficiales, los actos de violencia en Michoacán pone a la vista la debilidad, por decir lo menos, de las estrategias aplicadas por el gobierno federal para lograr la “pacificación” en el país.

El comisionado en Michoacán Alfredo Castillo, la versión mexicana de los procónsules romanos, buscó en la ilegalidad, la solución a la violencia en la entidad. Se apoderó del poder estatal. Derribó funcionarios sin importar otra cosa que su forma de ver las cosas. Anuló primero y eliminó después, al gobernador electo. Impuso un interino al que manipula a su antojo. Y lo que es peor, negoció con los grupos que fuera de la ley, se imponían en el estado, con las armas en la mano.

Dio forma, vida y fuerza legal a las autodefensas. Y a los grupos que se le resistieron los persiguió y llevó a la cárcel a los líderes. Les acusó de portación ilegal de armas. Curiosamente, algo que todos los grupos hacían, pero sólo se sancionó en los inconformes.

Así, hace unos meses se cantó la victoria. Michoacán estaba pacificado. La entidad había recuperado el ritmo para incorporarse al inminente avance de la Nación.

Pero, lo que tanto se anunció, cobró forma. Guerrero se descompone más y más gracias a la pésima estrategia aplicada. Entregar el poder a los radicales no fue una buena idea. Y ahora se lamentan. Y en Michoacán, entregar el poder a los grupos armados ilegalmente, fue simplemente preparar los nuevos niveles de violencia.

La estrategia equivocada. O para decirlo en palabras de Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia, no se “dio la prioridad” debida a lo que sucedía en cada caso.

Ahora, los legalizados grupos armados chocan entre sí. Y Alfredo Castillo quiere convencer a la sociedad que se trata sólo, de “encono entre autodefensas”, como si ello no implicará la falla de sus decisiones.

Pero el problema es algo más complicado. En Guerrero el año pasado, en noviembre, se anunció el plan Nuevo Guerrero. Y nada sucedió. Hace unos días el discurso cambió y se habló del programa de rescate de Acapulco. Nuevas y muy menores metas. Ya no el estado, sino una parte, importante, pero parte al fin, de la entidad. Retiradas “estratégicas” que sólo ponen de manifiesto el fracaso de las estrategias aplicadas.

Lo mismo sucede en Michoacán.

Se puede hablar de que en el estado la mayor parte de los municipios está en paz. O que en la violencia hay afanes de venganza personal.

El problema es que la estrategia aplicada no contempló de manera adecuada los riesgos. Y si lo hizo, no entendió la realidad.

Ahora, Guerrero y Michoacán aparecen, de nueva cuenta, como parte del eje de la violencia, al lado de Morelos, sin decir que sean los únicos estados con problemas.

Y ello se origina en el hecho de que el gobierno federal contempló las cosas desde la óptima de sus necesidades políticas en función del proyecto económico. Y los resultados están a la vista. Los avances económicos no llegan a pesar de las reformas, y la violencia no desaparece a pesar de los discursos.

Ahora, el gobierno se encuentra en su peor momento. Débil en lo político, carente de credibilidad ante la sociedad y arrinconado por sus fracasos.

Pero, al mismo tiempo, firme en sus posiciones. Negando la realidad y creando complots para disculpar los problemas.

Y claro, en espera de que la Navidad y el fin de año le den el respiro que requiere para poder buscar la forma de retomar la iniciativa. Algo que podría no resultar tan sencillo, por más que para el inicio del año se tengan preparadas algunas sorpresas relacionadas con el caso Iguala.