norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

Es incuestionable que Alejandro Murat sintió la presión y ante la urgencia de recuperar algo del terreno perdido decidió lanzarse al vacío y lejos de resolver el problema de la muy negativa imagen de su padre sobre su campaña, lo que hizo fue demostrarle a todo Oaxaca la pobreza de su estructura moral.

Alejandro Murat llegó a la candidatura priista al gobierno de Oaxaca no por méritos partidistas o por trabajo social. Llegó por tener amigos importantes. Llegó a pesar de que todo mundo entiende que es mexiquense por nacimiento, por residencia y por negocios. No tiene el trabajo dentro del PRI que le sirva de base a su ambición. Ni su trabajo en el INFONAVIT puede considerarse como de alto impacto.

Es candidato por las relaciones propias y las del padre.

La inexperiencia y desbordada ambición que la caracterizan le ha llevado a sembrar de torpezas su campaña. Apenas lanzado como el “bueno” para Oaxaca, apareció un video en el que se le veía abrazarse con una anciana indígena y sonreír para la fotografía, solo para apenas pudo separarse de la indígena, correr a su camioneta a cambiarse la chamarra que había tenido contacto con la señora. Como si existirá el riesgo de algo contagioso. Quiere el voto, y hará lo necesario para lograrlo. Incluso soportar el asco del contacto directo con sus paisanos.

Pero eso podría ser parte de muchas campañas. Los candidatos suelen jugar al contacto en tanto llegan al poder. Después se instalan en las alturas y lo que menos les importa es el ciudadano. Así es el joven Murat.

Sin embargo, los errores siguieron. Y en un intento por engañar a la sociedad oaxaqueña, Alejandro Murat dio a conocer su declaración 3de3, sólo para acreditar que está muy dispuesto a mentir con tal de llegar al poder.

En su declaración falseó los datos de su riqueza. “Olvidó” la riqueza e su esposa y se atrevió a poner como salarios, ingresos por unos siete millones de pesos logrados el año pasado. Algo fuera de toda norma.

Y como las críticas, nacionales e internacionales no se hicieron esperar, decidió renegar de su padre.

Alejandro Murat como todo el mundo, sabe de la mala fama que rodea a su Padre José Murat. Conoce de sobra, las trapacerías, traiciones y corruptelas de su progenitor. Pero también sabe que todo lo que es y tiene, le guste o no, que seguramente si le gusta, proviene precisamente de las acciones y omisiones legales de su padre.

Esto es, José Murat es uno de los más claros ejemplos de la pobreza político intelectual de los integrantes de la clase en el poder en México. Y nadie con seriedad, podría intentar defender a Murat papá.

Pero ello no parece ser suficiente como para renegar del padre. Especialmente cuando es obvio que ha sido el padre quien ha impulsado la “carrera2 del hijo.

En el momento en el que Alejandro dice que José Murat no pisará Oaxaca los seis años que sea gobernador, lo que hace es destacar la imagen de corrupto que tiene su padre. Pero también, la pobreza de su calidad moral.

Parece obligado creer que, con todos los problemas que ello pudiera representar para su campaña, Alejandro Murat tendría que aceptar que sus ligas de sangre no se borran con discursos. Y que si bien tiene que aclarar que no aceptaría intromisiones en sus decisiones, también tiene que poner en claro el afecto que debería sentir por el padre.

Los problemas de un Murat afectan a la familia en el terreno moral, pero son de quien comete los errores. Alejandro Murat tiene riquezas difíciles de explicar como no sean vistas en su origen que no es otro que la riqueza del padre. ¿Se puede disfrutar de la riqueza del jefe del clan y al mismo tiempo renegar públicamente de él?

Alejandro Murat ha dejado ver que es igual a su padre. Y peor tal vez.

José Murat fue duramente criticado hace años por cambiar su apellido materno de Casab a Casas, para según él, tener mejor imagen política. Había renegado de la madre.

Ahora, en la misma línea familiar, con corrupciones político ideológicas a la vista, Alejandro Murat reniega del padre, cuando no es más que una mala copia de José. Es un juego político. Es evidente. Pero también lo es el que Alejandro ya demostró que para llegar al poder es capaz de cualquier cosa. Renegar del padre, mentir a los ciudadanos, aparentar lo que no es, sin importar que con ello, lo que en realidad ha hecho es pintarse de cuerpo entero. En toda su bajeza política.