Ethel Riquelme.

Mediante una extensa carta dirigida al presidente Andrés Manuel López Obrador, soldados de aire, mar y tierra advirtieron a su comandante supremo que no permitirán de las autoridades civiles abuso de poder, que se mantendrán atentas para que los actos y leyes se apeguen al imperio de la Constitución y las acciones en materia de seguridad interior fortalezcan la cohesión y unidad nacional.

Esta es la protesta que hay en las filas castrenses por lo sucedido en La Huacana, Michoacán, por la imagen de “una unidad del Ejército Mexicano que fue desarmada, humillada, aplastada en su decoro y dignidad ante los ojos del pueblo y la comunidad internacional”, señala la misiva firmada por la Confederación Nacional de Militares y Profesionistas “General Marcelino García Barragán”, A.C.

La carta ha hecho arder el Cuartel de Lomas de Sotelo. Lo que pasó en Tierra Caliente no se parece en nada a lo que ha generado en el mando, la entrega de esta misiva en Palacio Nacional y su difusión entre periodistas y algunas redes sociales.

Y no porque se refleje una protesta, una rebeldía, insubordinación o desacato, ni siquiera –dicen las fuentes— por la incómoda posición de autoridad en la que deja al General Secretario Luis Crescencio Sandoval frente al presidente López Obrador.

Que va. El tema parece mucho más delicado que sólo la aparición de una carta de protesta de algunos miembros del Ejército mal redactada, con lugares comunes y reiterativos.

No, el asunto es mucho más delicado porque procede justamente de los soldados y  marinos retirados y jubilados, que apenas el año pasado se rompían las vestiduras a favor del candidato Andrés Manuel López Obrador.

Fue a los militares y retirados a los que López Obrador, ya convertido en presidente, les cumplió con mayor celeridad la principal promesa que les hizo en campaña: la de mantenerles su ascenso al grado superior inmediato y los haberes correspondientes al momento de su separación por edad o cesantía, lo que no les respetó a miles de personas que despidieron de la administración pública federal sin darles una liquidación.

Aún más, a los soldados retirados y jubilados les modificó la Ley, en su calidad de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, para darles la tan ansiada autorización de portar, en su uniforme de retiro, las insignias y reconocimientos a ese grado que ganaron no por acción, sino por  jubilación.

Son ellos mismos los que ahora difunden una misiva de cuatro páginas contra la acción del mando civil, y solicitan que el Congreso en pleno ofrezca una disculpa pública a las fuerzas armadas por lo sucedido en Michoacán y garanticen que no volverán a suceder.

En la oficina del alto mando de la Sedena deben estar muy molestas por ello, pero también en la del Director Nacional del Centro de Inteligencia (Cisen), porque fue el general Audomaro Martínez quien inició esa relación, fue el vínculo con ese sector militar y el constructor del apoyo de los jubilados y retirados, militares y marinos a López Obrador.

Él los presentó, convenció y acercó, igual que lo hizo cuando sugirió a su antiguo alumno, el general Luis Crescencio Sandoval, como candidato a titular de la Sedena ante AMLO, actualmente titular y miembro del gabinete más cercano al presidente.

Por muchos motivos pues, el general Martínez Zapata seguramente también comparte la inquietud por el surgimiento de estas expresiones de protesta dentro de las fuerzas armadas.

CARTA AL PRESIDENTE Y COMANDANTE SUREMO DE LAS FUERZAS ARMADAS MEXICANAS (2).-1