Francisco Garfias

Brasil, Bolivia “y otros dos países” de América Latina y el Caribe no vendrán a la reunión en la que Andrés Manuel López Obrador asumirá la presidencia pro tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), a realizarse aquí el próximo miércoles.

Un revés a las aspiraciones mexicanas de recuperar el liderazgo que alguna vez llegó a tener en la región con una política exterior que no se subordinaba a las presiones de Estados Unidos.

Allí está el episodio de Punta del Este, Uruguay, en 1962. Seguramente muchos jóvenes no saben que México fue el único país de la región que votó en contra de expulsar a la Cuba de Fidel Castro de la Organización de Estados Americanos, como pedía Washington. Tampoco rompió relaciones diplomáticas con la isla.

O la declaración conjunta franco-mexicana, en 1981, en la que se reconocía como legítima la beligerancia de los guerrilleros del FMLN en El Salvador o el valiente papel del embajador mexicano en Chile, Gonzalo Martínez Corbalá, cuando el golpe de Pinochet a Allende, en 1973.

La diplomacia de la 4T es la “de eso no opino” en nombre de la conveniente política de no intervención en los asuntos de otros países (en Bolivia no aplicó).

Lo de hoy es convertir al país entero en el muro de Trump para frenar flujos migratorios hacia la Unión Americana, a cambio de no ser castigados con aranceles comerciales, y festejarlo como una victoria.

* Sobre los motivos de Bolivia para no asistir a la reunión mencionaremos crisis diplomática con nuestro país, a raíz del refugio a Evo y la permanencia en la embajada mexicana de colaboradores de Morales perseguidos por el gobierno de Jeanine Áñez.

Según la cancillería de ese país, la reunión debería realizarse en La Paz y no en la Ciudad de México. Y es que, tradicionalmente, la ceremonia de traspaso se lleva cabo en el país que deja el cargo, pero los mexicanos argumentaron que el presidente López Obrador no viaja al extranjero.

Los motivos de Brasil los pondremos en la canasta de las diferencias ideológicas.

* Ya que estamos. Aunque México tomó distancia de Maduro, su postura frente al golpe de mano en la Asamblea Nacional de Venezuela fue light frente a la gravedad del tema.

El venezolano quiere imponer al disidente-marioneta Luis Parra, en lo que el diario español El País calificó de “rocambolesca sesión” e impedir la reelección del opositor insignia, Juan Guaidó, en la presidencia de ese órgano legislativo. La Asamblea Nacional es el único contrapeso real que tiene el régimen de Maduro. Quiere eliminar ese contrapeso a cualquier precio. Vimos en un video los métodos de don Nicolás para lograr sus propósitos: el cerco de la Guardia Nacional Bolivariana para impedir el ingreso de los diputados opositores al recinto.

“Militarizar el Congreso está cabrón”, admitió, en corto, un senador de Morena.

La cancillería mexicana sacó un comunicado muy light en el que hace votos para que la Asamblea Nacional de Venezuela “pueda elegir democráticamente su Junta Directiva” conforme a la Constitución.

Uruguay se fue más fuerte: “El gobierno expresa su profunda preocupación ante la conculcación de los derechos de los diputados de la Asamblea Nacional Venezolana”.

A Ricardo Monreal le preguntamos sobre la militarización del Congreso venezolano, luego de la entrevista que sostuvo en su despacho con el canciller Ebrard:

“(Militarizar) no es la forma, desde nuestro punto de vista. Por eso es que necesitamos recaudar mayor información para hacer un pronunciamiento”, nos dijo.

La postura mexicana contrasta con la firmeza del comunicado del Grupo de Lima, que no firmaron los gobiernos de México y Argentina.

“La votación por la mayoría parlamentaria en favor de la reelección de Juan Guaidó, ciñéndose a la Constitución y la ley, representa un rechazo a las acciones temerarias del régimen de Nicolás Maduro, que buscaron impedir su designación”, sostiene el grupo.

El comunicado fue suscrito por Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Bolivia.

Publicado en Excelsior