FRANCISCO RODRÍGUEZ

Desde hace cien años exactamente, Lenin, el líder de la revolución rusa, observó el empollamiento de la enfermedad del infantilismo de izquierda, en el seno del movimiento de Octubre. Dicho padecimiento, según el dirigente histórico, se inoculaba y desarrollaba entre los “jóvenes pequeños burgueses” que ostentaban un discurso demasiado radical.

Lo hacían desde tribunas privilegiadas, apuntaba el líder, incapaces de entender adecuadamente el manejo del poder, y les recomendaba, desde las páginas de la revista Kommunist, que siempre era mejor empezar los cambios desde adentro de la organización y no dejarse llevar por la idea peregrina de modificarlo todo, sin contar con las bases.

‎Escudarse en el pasado, revivir las reyertas de todos conocidas, no es un buen principio jamás. Sirve sólo para pretextar la incapacidad y para frustrar cualquier buena intención. Siempre hay que ver hacia el futuro y muchas veces las losas del pasado impiden verlo en su exacta dimensión. De ahí los obstáculos para emprender proyectos de gran visión.

De ahí también los obstáculos para, sin el ejemplo adecuado, desdeñar los apoyos que brinda la unidad nacional para transformar el estado de cosas. Quienes insisten en crear normas, sistemas y un complejo entramado de derechos sin poner cuidado a toda la base de la organización social y económica que los hará posibles, son contrarrevolucionarios.

La llamada izquierda mexicana está cavando su propia tumba

En nuestro país podría decirse que son más conservadores y neoliberales que aquéllos a quienes dicen combatir.

La contemplación superficial de los problemas, el estado de ánimo emotivo y teóricamente humanista que no tiene nada que ver con la reflexión política, atenta contra el cambio social. Más, cuando lo que pregonan está desmentido por profundas oleadas de corrupción y de complicidad con el crimen organizado que es realmente veneno para cualquier transformación.

‎Es por ello por lo que la llamada izquierda mexicana está cavando su propia tumba. Ya está paralizada y ya no va para ningún lado. Porque ha sustituirlo valores y principios teóricos, ideológicos y hasta morales, por el buenismo y el infantilismo político, como forma de analizar el país, su realidad, sus contradicciones y sus violencias.

No sólo es una crisis de crecimiento, ni de adolescencia, sino fundamentalmente de identidad. Está en un punto de inflexión y tiene la oportunidad ahora de corregir la mala impresión que está dejando en la ciudadanía y también de definir el rol que quiere jugar en la política.

Las “mañaneras” se convirtieron en campanadas de procesión

Las promesas de campaña de la que ahora es conocida como Cuarta Decepción han acabado siendo posiciones demagógicas y populistas. De aquellos pronunciamientos que les valieron el voto, ya queda muy poco. El sancionar a los empresarios que hurtaron con la complicidad del gobierno el retorno de los impuestos y la devolución de los haberes, créditos fiscales, ya es una broma de mal gusto.

Sobre todo, porque dejaron pasar tiempos preciosos para poder haberlo llevado a cabo, y permitieron que más de medio billón de pesos comprobados del fisco fueran a parar a paraísos fiscales, inversiones inmobiliarias en España y en Centroamérica.

Las promesas de consultas populares abiertas y ciudadanas para juzgar a los expresidentes y a los grandes delincuentes de la Nación, quedaron convertidas en agua de borrajas, a base de desmentidos presidenciales y de todas las algazaras de las “mañaneras”, que se convirtieron en campanadas de procesión.

Resultaron ser iguales, o peores, que los que jamás se han ido

Los grandes postulados de obras de infraestructura para dar empleo a millones de mexicanos, a partir de la construcción de mil seiscientas obras iniciales, quedaron en el olvido, manejadas, igual que las encuestas favorables, los índices de crecimiento y los “otros datos”, por los mimos magnates del neoliberalismo, a quienes se prometió combatir.

Y como esos ejemplos, demasiados, muchísimos para un país esperanzado en que al llegar los nuevos rostros llevarían a cabo una gran transformación en materia de justicia y de lucha civil contra los corruptos… y resultaron ser iguales, o peores, que los que jamás han ahuecado el ala.

En Pemex actuaron por donde no debían; resultado: el fracaso

Las banderas nacionalistas, las que se esperaban, acabaron por centrarse en defender a Pemex, derrochando en la empresa cantidades inimaginables de dinero que no lograron sino desbarrancarla aún más. Jamás se empezó por el principio, que era sanear la vida sindical y recuperar los dineros de los grandes robos cometidos por la clase política de entonces y de ahora.

Centraron las banderas nacionalistas en defender a una empresa que así es improductiva, un barril sin fondo, apostando a manipular precios del crudo que se someten cotidianamente a las leyes de la oferta y la demanda internacional, un factor desconocido, y muy lejos del alcance de los infantilistas de la Cuarta Decepción.

El odio hacia el sector privado es una piedra en el zapato de igual tamaño que los afanes pueriles del nacionalismo bastardo. Es el tiempo que los infantilistas no acaban de entender que la base del sostenimiento del Estado es el trabajo y el empleo que produce los impuestos de los que se sostiene cualquier gobierno.

¿Son bolcheviques los cuatroteros? El apodo les queda grande

¿Son pequeños burgueses los adalides de la Cuarta Decepción? ¿Se les puede llamar infantilistas de izquierda, cuando todavía no saben si es que tienen alguna ideología?

Sinceramente, creo que no. El apodo les queda demasiado grande, muy guango. Se trata simplemente de oportunistas venidos a más, que cuando tuvieron la oportunidad de enderezar los entuertos, sencillamente no tuvieron no sólo la visión, sino el valor para emprender la lucha por ese camino… o por cualquier otro.

Se trata de reventados de otros partidos que están tratando de operar desde el poder frágil aquello que no pudieron. Son frustraciones personales que cuando se activan desde puestos públicos de importancia, se llevan entre las patas a cualquier país, a cualquier región, a cualquier clase, a cualquier sector. Un verdadero peligro humano.

‎Así es que ni les queda ponerse las chamarras de bolcheviques. Son simples regidores de rancho, llegados a la capital nacional para descargar sus pasiones al colectivo.

¿No cree usted?

Índice Flamígero: En un mamotreto de 30 páginas, producido el sábado 16. el Presidente de la República da a conocer La Nueva Política Económica en los Tiempos del Coronavirus y tras repetir ooootra vez lo que ha dicho desde las “mañaneras”, concluye: “…así como es indispensable vincular la economía a la democracia, a la justicia, a la honestidad, a la austeridad y al bienestar, no debe dejarse de lado algo también muy importante: el fortalecimiento de los valores culturales, morales y espirituales. No olvidemos que nada sustituye a la felicidad y que la felicidad no consiste en obtener bienes, riquezas, títulos, fama, lujos, sino en estar bien con nosotros mismos, con nuestra conciencia y con el prójimo”. Traducido por el escribidor, en términos llanos: seguiremos jodidos, pero contentos.

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