Francisco Garfias

Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que se plegaron a las necesidades políticas del presidente López Obrador andaban ayer en una cruzada en los medios para justificarse. El presidente de la SCJN, Arturo Zaldívar, se inconformó, incluso, con el aluvión de críticas que le llovió al máximo tribunal por haber avalado lo que el ministro Luis María Aguilar, autor del proyecto, llamó “concierto de inconstitucionalidades”.

A Zaldívar le molestó el pronunciamiento de la Barra Mexicana Colegio de Abogados en el sentido de que el máximo tribunal cambió “la constitucionalidad por la popularidad·”

La Barra añade sobre el aval de la SCJN:

“Al adoptar una decisión sin argumentos no sólo se dio la espalda a sí misma, sino que le dio la espalda a la imparcialidad, con el ánimo de evitar una confrontación con el poder político, perdiendo con ello su independencia.”

El mensaje fue retuiteado, entre muchos otros, por el expresidente Felipe Calderón, en cuyo sexenio llegó Zaldívar a la Corte, con la ayuda, dicen, de Fernando Gómez Mont”.

Zaldívar reviró a la Barra en el noticiero de López-Dóriga en Radio Fórmula:

“Se ha dicho, equivocadamente, que quienes estuvimos en la mayoría votamos por ser populares. Pues si vemos hoy la prensa y vemos las redes, más bien la popularidad está del otro lado”.

La ministra Yasmín Esquivel Mossa invocó el artículo 35 de la Constitución, que consagra el derecho a la Consulta Popular, para justificar su voto.

Pero ese mismo artículo establece que, entre otros, los derechos humanos de cualquier ciudadano –eso incluye a los expresidentes– no son consultables.

“Por primera vez en la historia los mexicanos vamos a participar en las políticas de combate a la corrupción”, argumentó la ministra a Patricia Betaza, conductora del IMER. Sin ser un experto en derecho, me brinca que Esquivel presuponga que juzgar a los expresidentes por aclamación popular sea participar en las políticas anticorrupción del régimen.

*Me queda claro que López Obrador se hartó de las grillas que hay en Morena para agandallarse la dirigencia del partido. Le molestan los pleitos, descalificaciones y incluso amenazas que se han lanzado, entre sí, dirigentes y aspirantes a los cargos de dirección del partido en el gobierno. La incapacidad manifiesta de consensuar un método de elección de la dirigencia llevó al morenista número uno a admitir: “Es mucho pueblo para tan poco dirigente”.

Y dijo más: “Llevan no sé cuánto tiempo sin resolver lo de la dirigencia, como más de un año, enfrascados en pleitos y todo. Se hacen las encuestas y se le pregunta a la gente: si fuesen las elecciones ¿por qué partido votarías?

“Y ese partido está hasta arriba; o sea, es mucho pueblo para tan poco dirigente, con todo respeto, porque no hay dirección, hay un desbarajuste”.

Previamente, y con la aclaración de que no es (sólo) para Morena, urgió: “Ya al carajo con el oportunismo, con la antigua forma de hacer política de que ‘me voy a colar’ -entre comillas- ‘y no me importa el pueblo’”.

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*Ya que estamos: no se entiende la decisión del Presidente de no invitar a su gira por Ciudad Juárez al gobernador panista de Chihuahua, Javier Corral.

Y menos que lo excluya por defender a los productores del estado grande que dependen del agua que hay en la presa La Boquilla para asegurar sus cosechas.

De viva voz he escuchado incluso a senadores de Morena, como Armando Guadiana, admitir que la lucha de los productores es legítima y admitir que el agua no alcanza para pagar la cuota a Estados Unidos.

Pero López Obrador insiste en que detrás de esa protesta hay intereses del PAN.  Esto dijo ayer en la mañanera:

“No estoy invitando a autoridades y mucho menos a actores políticos, porque existe en Chihuahua una situación muy especial con relación a lo del agua. 

“Como las autoridades de Chihuahua y algunos grupos y partidos no decidieron apoyar para cumplir el convenio que se tiene con Estados Unidos sobre la entrega de agua, pues no quiero verme envuelto en esta disputa y no quiero verme usado”, dijo

Reconoció que no es buena la relación con Javier Corral. La postura de AMLO es preocupante. Excluir de la gira a un gobernador por no plegarse a sus designios en nada ayuda a que este país deje la polarización y una esfuerzos para enfrentar los momentos difíciles que vivimos.

Castigar a los críticos es receta frecuente en  la 4T.

Publicado en Excelsior