Los cambios en la estacionalidad del clima y, en específico, en el régimen de temperatura y lluvias tienen impacto en la fenología y fisiología de las especies vegetales, afectando su distribución y rendimiento, es decir, influyen en cómo crecen las plantas y reaccionan ante estas modificaciones, sostuvo el investigador de la Universidad Autónoma del Estado de México, Carlos Díaz Delgado. 

Al participar como ponente en el Foro Interdisciplinario para la Sostenibilidad “Agua: calidad, cantidad, manejo y gestión”, organizado por la Dirección de Protección al Ambiente de la UAEM, el experto del Instituto Interamericano de Tecnología y Ciencias del Agua (IITCA) de la UAEM presentó la investigación “Cambios estacionales en las variables climáticas 1960-2010 y sus implicaciones en la seguridad alimentaria de la Cuenca Lerma- Chapala- Santiago (CLCS)”. 

Manifestó que la investigación, que comprendió la comparación de las condiciones climatológicas registradas de 1960-1985 con las de 1986-2010, permitió la identificación de cambios en el comportamiento espacial y temporal de amplitud y desfase en las precipitaciones y temperaturas, por lo que 65 por ciento del área de cultivo de temporal sufrió modificaciones en su estacionalidad. 

Detalló que bajo estas variables ubicaron 10 superficies de cultivo temporal homogéneas, con base en las combinaciones de alteración climática, una de ellas es la Cuenca Alta del Río Lerma, que registró daños en la plantación por déficit hídrico. 

Otro ejemplo, dijo, fue el estado de Michoacán, que también pertenece a la CLCS, donde se presentó una alteración al inicio y final del proceso de cultivo e incluso, un posible daño en la plantación, debido a modificaciones en fase de temperatura mínima y en amplitud de lluvias donde se redujo la precipitación. 

En el caso de Guanajuato, indicó que los cambios registrados fueron un retraso de 32 días de la temperatura mínima, un adelanto de 12 días en temperatura máxima y una disminución de la precipitación de 69 milímetros, lo que provocó una alteración al inicio y final del proceso e, incluso, daño en la plantación. “El Bajío es conocido como el granero de México, pero esta situación significa menos cereales y una economía adversa para los campesinos o productores”. 

En este marco, Carlos Díaz Delgado aseveró que es necesario profundizar en los requerimientos térmicos e hídricos de otros cultivos, pues cada uno es específico.