FRANCISCO RODRÍGUEZ

Pocos días antes de morir, el escritor portugués José Saramago dijo que las democracias de países emergentes eran parte del reino de las fantasías, pues sus empoderados nunca hablaban de tendencias ideológicas, de planes objetivos de gran visión, de real política ni de motivos estratégicos racionales.

Que todo en nuestros páramos giraba alrededor de comentarios chuscos más o menos a modo, datos esquemáticos y fútiles de los acontecimientos novelados, desde luego sin la magia de esa forma literaria, sino de manera ramplona, entreguista y demasiadas veces indigna y atrevida.

Que se confundía a menudo al liberal con el conservador, a éste con el descastado, y a éste con el patriota; que nunca separaba políticas ni sujetos con diversos matices. Todo, en beneficio de que cuadrase su análisis superficial con la circunstancia, como si los juegos de poder fueran semejantes a los jueguitos de realidades virtuales para el consumo de los incautos.

No quería decir que lo anecdótico no fuera cierto, sino que sólo era, en el mejor de los casos, simplón, ocurrente, acomodaticio. El voluntarismo de los pelmazos ocupaba el lugar destacado en las grandes tragedias. Personalismos vacuos que rebasan el límite de lo permitido, excesos acumulables a una larga fila de traiciones.

Revelan secretos de Estado sólo para darse falsa importancia

Los secretos de Estado, reservados por las teorías clásicas de la política a lo confidencial de un aparato de gobierno a aquellos asuntos vitales para una Nación, confiados a los privilegiados que incluso condenaban con penas capitales a aquéllos que los difundieran, se habían convertido en gags que demolían el profesionalismo.

El secreto de Estado es una confidencia en el extremo de la solemnidad protocolaria y profesional de un Jefe de Estado. En las sociedades avanzadas existen leyes muy estrictas acerca del uso de la privacidad de los asuntos nacionales.

Incluso, hasta en las sociedades secretas se emplea el sigilo como parte esencial en el crimen organizado, es una forma de atraer a potenciales miembros y crear entre los implicados una sensación de importancia. Un asunto demasiado delicado para ser traído a la trompa talega, en búsqueda de notoriedad. Cuesta la vida.

El secreto corporativo, usado por las transnacionales con ánimo de lucro, se guarda para mantener ventajas competitivas, diseño de productos bajo desarrollo, listas de clientes, preferencias en el consumo, procesos de trabajo y de producción, bajo leyes de confidencialidad y de secreto industrial. Guardar una estrategia en secreto es importante en la teoría de los juegos.

Pero tal parece que en la política huehuenche se ha cambiado el secreto de Estado por aquel principio de indubio pro polaris que permite a cualquier deslenguado usarlo para darse la importancia que no se tiene ni en el diseño, ni en la operación, ni en la ejecución de lo importante.

El Leviatán moderno está atrapado entre las consejas de los timoratos que ven moros con tranchete en cada decisión suprema y los tramposos ignorantes que aconsejan no intervenir contra los corruptos para seguir protegiendo sus intereses personales. Es un círculo cuadrado el que propone la ignorancia.

¿Divisas para comprar acciones de Donal Trun y así salvarlo?

Posiblemente el secreto de Estado más grande que tenían los actuales gobernantes de México se acaba de dar a conocer por la impericia de los culiempinados que buscaron apropiarse del Banco de México antes que los acontecimientos en las bolsas formales e informales de Nueva York develaran el trafique de nuestras reservas monetarias en la compra de acciones de Donal Trun y sus socios industriales.

Un pingüe negocio que dejó unas ganancias en miles de dólares, suficientes para abarrotar las reservas existentes en la caja del Banco de México, y así disponer de las decisiones y del blindaje necesario para ahuecar el poder e irse de rositas, campante por el mundo. Se habla en los círculos neoyorquinos de una ganancia superior a los cincuenta mil millones de dólares por la autorización, sólo por el breve tiempo de la pandemia. Como anillo al dedo.

Las prisas por acelerar las reformas al Banco de México, para que este organismo autónomo se metiera de cabeza en el berenjenal de comprar todas las divisas estadunidenses que el sistema financiero no puede metabolizar de sopetón, lograron que se descubriera el tejemaneje de ese entrambulique. Las negociaciones legislativas en las Cámaras quedan como duda irreductible.

Excesos y deslices que mañana podrían convertirse en punibles

Otros secretos menores pero no menos graves son los dados a conocer por medio de las acciones inopinadas del gobiernito modo Tepetitán: la inundación del pueblo tabasqueño y la liberación ilegal de Ovidio Guzmán, que deberían ser reservados como secretos de Estado, ya pasaron a engrosar la cadena de infamias, como las llamaba Saramago.

La incontrolable lengua, la falta absoluta de sentido de la proporción, el desconocimiento del papel histórico que se desempeña y las mismas ganas de protagonismo y de exhibir su falta de respeto al pueblo han llevado al “caudillo” a excesos y deslices que el día de mañana pueden convertirse en expedientes con delitos de lesa humanidad.

Seiscientas “mañaneras” que dicen lo mismo, lo mismo y lo…

Él mismo ha construido las pruebas irrefutables de que aquí y en este tiempo campeó a sus anchas el salvajismo y la excesiva brutalidad para tratar las cuestiones que requerían la intervención única e ineludible del Estado. El pejelagarto por su gran boca muere.

Ha construido a golpe de riñón y de lengua, como si fueran tacos de Indianilla, indicios graves de pruebas testimoniales de culpabilidad, asumida y aceptada pública y notoriamente, de haber cometido delitos penados con privación de la libertad, imposibles de ser cobijados por ningún fuero universalmente conocido.

Pero cada mañana repite lo mismo, como decía Saramago, lo mismo y lo mismo… bien podrían retransmitir cualquiera de sus seiscientas mañaneras anteriores y ni él notaría la diferencia, ni en el lenguaje, ni en la sintaxis ni en la desmadrada semántica propia de un merolico.

Poco a poco sale a la luz la corrupción en las megaobras de AMLO

Los otros secretitos que deberían haberse guardado, también ya vieron la luz: los contratos estilo hampa de la Refinería Dos Bocas para aumentar el peculio de los compadritos de la Nahle, un nombre y apellido hoy bajo el cobijo, cree, de la propiedad industrial‎.

La corrupción que han desatado El Frijolito Jiménez Pons y la pirma Felipa sobre los ambicionados terrenos del trenecito maya chu chú. Los imperdonables derroches económicos que los militares de alta graduación, consentidos por los cinco ejércitos, han hecho en las obritas de esa megacentral avionera de Santa Lucía…

… y un largo etcétera de impresentables entrambuliques, que poco a poco salen a la luz gracias a los deslenguados de Palacio, en búsqueda de una notoriedad caligulesca, de un papel en la historia bufa de los últimos dos años, más largos que un millón de dólares en ligas estiradas.

Cada gobernante tiene el secreto de Estado y la calificación que merece. Que con su pan se lo coma, ya falta poco.

¿No cree usted?

Índice Flamígero: Uno de los secretos de Estado que la mayoría de los mexicanos exigimos se revele es ¿qué se negoció con el gobierno estadounidense a cambio de la libertad del ex secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, a quien se acusó de ligas con el narco y lavado de dinero? Es tan evidente la fuerza del Ejército y la presión que ejerce sobre AMLO que difícilmente lo conoceremos en este sexenio.

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