José Manuel Rueda Smithers

“Según se ve, el contra-civismo es la norma habitual de convivencia y

amenaza con socavar la cohesión de nuestra vida ciudadana”

Gilberto Guevara Niebla

Es evidente la preocupación de todos, pero aún más, la poca acción social que hacemos para superarla. Vemos cómo las cosas no solo no mejoran, sino que se van poniendo cada vez peor y simplemente volteamos la cara para culpar al otro, sin mirar a nuestro propio punto de desequilibrio que todo rompe, todo ataca, y poco, muy poco admitimos. Pareciera que impera la incultura cívica y gana la no solidaridad con los otros.

Encontré un ensayo de María Andrea Hernández Vázquez Mellado, en que hace una descripción muy puntual sobre nuestra forma de ser y nuestra costumbre por romper las reglas –sobre todo aquellas que nos afectan en lo individual, no en lo grupal-, y que ella llamó “la falta de cultura ciudadana en México”.

No importa cuando lo escribió, podemos leerlo y releerlo, y creer que lo hizo apenas ayer, apenas hace una semana o unos meses, o incluso lo preparó para mañana. Se aplica perfecto. Van unas simples ideas:

“La educación cívica es la base para que todos podamos vivir en una sociedad civilizada, es trabajo tanto del gobierno como de la ciudadanía hacer conciencia sobre la grave falta de valores en la que estamos viviendo”. El ensayo es de octubre de 2015 y lo encontré en el Instituto Electoral de Querétaro.

Sabemos que los mexicanos -como sociedad- enfrentamos una descomposición de los valores, un brincarse las formas de convivencia, y pensamos sólo en lo individual, “esto me interesa a mí, no me importan los demás”, lo que sin duda alguna tiene descompuesta la interrelación incluso, ahora con la pandemia, dentro de los hogares mismos.

El maestro Gilberto Guevara Niebla escribió en agosto del año pasado, que “la pandemia sacude a la sociedad. En educación, como en los demás problemas que plantea la pandemia, se necesita una acción unida y consensuada de los ciudadanos. Ésta será factible cuando el actual Ejecutivo actúe efectivamente como líder moral de la nación y convoque a todos los mexicanos a unirse, a cumplir las reglas sanitarias y a apoyar el trabajo del sector salud”.

Publicado para la plataforma digital especializada, Educación Futura, meses después vemos cómo ese líder al que hace un llamado el académico, no solo busca descomponer la unión, sino enseña a romper las reglas sin temor alguno.

Para echar más limón en la herida, en la revista Nexos, del 1 de febrero de 1999, (sí, hace ya 22 años), también este distinguido maestro de muchos, investigador y escritor, habló de una crisis mundial que ya venía y poco se hizo por resolver. Puede ser culpa de los neoliberales, dirán algunos (tal vez sí, por su manera de ver las cosas en un solo sentido), pero lo cierto es que nada se ha hecho para que la sociedad se respete a sí misma y busque crecer, progresar en equipo.

“…no son necesarias las encuestas para confirmar que en México existe una cultura cívica gravemente contaminada por el desacato a las normas: lo vemos todos los días, a todas horas, por cualquier rumbo de nuestra ciudad o por cualquier región del país. Basta salir de casa y ver sobre la calle los autos formados en doble fila; las micros desplazándose a toda velocidad por el carril de alta velocidad, los policías absteniéndose de castigar a los transgresores…

…un resurgimiento de la cultura del prejuicio; etc. De no apelar, con seriedad, a las virtudes cívicas, las instituciones de la democracia seguirán siendo desafiadas y desbordadas por estos fenómenos emergentes”. Conste, esto lo escribió Don Gilberto en Nexos, hace 22 años.

Basta ver cómo el simple uso del cubre bocas va perdiendo terreno, y el quédate en casa, casi está fuera de la batalla por sobrevivir.

Entonces, es la hora de apostar de nuevo a lo regional, empezar desde abajo de la célula social para ir sembrando esa semilla de compromiso y crecimiento común, no individual. De nuevo hay que pensar en los demás, no en uno mismo.

Sí, estamos aún a tiempo para romper esa falta de empatía, esa falta de educación, esa falta de compromiso. Hay que hacerlo paso a paso, en casa y al salir de ella. Ojalá, dicen los que saben.