FRANCISCO RODRÍGUEZ

México no tenía necesidad de haber entrado, por las ocurrencias de un sujeto enfebrecido, a la crisis perpetua. A una cadena de errores que atarán su desarrollo y su incipiente democracia a un largo penar de décadas para poder, si acaso, recuperar las condiciones que se tenían hace tan sólo dos años. Ha sido demasiado y falta lo peor.

Violar la Constitución todos los días es una invitación al desmadre, el boleto seguro a la fuga incesante de capitales productivos, al cierre de empleos, a la desesperanza, a la parálisis del país, a la extinción progresiva y letal del mercado interno, al infierno de un individuo que tiene una incapacidad crónica de entender la o por lo redondo.

Y que desde el púlpito bufo de la mañanera, un retintín de burlas socarronas y de amenazas de enano del tapanco, todavía tiene el morro de asegurar que la economía va muy bien, aunque pide prudencia a los factores de la producción, pues no descarta una nueva crisis económica ¡propiciada por factores externos!

Vamos a un decrecimiento del 30 por ciento en este año

Ante los “periodistas” paniaguados del circo de Palacio Nacional se da el lujo de expectorar que no estamos exentos de que se pueda presentar una nueva crisis, para la que “tenemos que estar preparados”. Como si la población no supiera que es él y sólo él quien la que la provoca. Es ya la crisis perpetua, el desorden cómo sistema de todos los desmadres.

Pide no ser triunfalistas, no confiarse, seguir pendientes, actuar con cautela, como cualquier merolico de esquina, para evitar que el pueblo se siga empobreciendo. Cuando él mismo es quien persigue nuestra pobreza para estar fuera de las tentaciones del secuestro y del crimen organizado.

Cuando hasta los miembros del Parlamento europeo señalan que son sus babosadas las que nos han traído a esta situación desesperada. Cuando en todo el mundo la carcajada y la indignación general indica que es el responsable inaudito de lo que pasa en México.

Culpa de todo al pasado y a la pandemia de Covid 

Promete que a mitad de este año se habrán recuperado los veinte millones de puestos de trabajo que había registrados en el Seguro Social. Mientras se comprueba que somos uno de los países con más letalidad por el manejo oscuro de la pandemia. Estima que el producto interno bruto del país cerrará 2021 con un crecimiento del 5%.

Cuando la realidad es que vamos volando, sin tocar baranda a un decrecimiento del treinta por ciento en este año, sumados a los menos veinte que durante los dos años anteriores fueron provocados por sus políticas equivocadas y antinatura. Le echa la culpa de todo al pasado y a la pandemia, cuando todos sabemos que el principal virus es él.

No tiene derecho a culpar a factores externos, cuando es el primero en violar los acuerdos internacionales porque violentan las garantías, cuando todos sabemos que los tratados que celebra México tienen el mismo rango que los artículos de la Constitución. Es una contradicción total, de un sujeto empoderado en mala hora, que ha caído como una maldición en el peor momento del país.

Se firman tratados para después desconocerlos 

Los apagones provocados, más letales que la cancelación del aeropuerto de Texcoco, los derroches de cientos de miles de millones de pesos de impuestos en programitas chafas, las agresiones calculadas a los favores estratégicos del sistema económico mexicano y de su estructura jurídica han creado el desastre, la incertidumbre y la insolvencia.

El florecimiento de todas las formas de corrupción, hasta del contrabando de vacunas, la complicidad con las mafias del mercado negro, la absoluta complacencia hacia los ejércitos mercenarios de la delincuencia organizada no augura nada bueno para el país. Es el fin del principio de todo concepto de convivencia civilizada.

Los socios comerciales cercanos en el mercado norteamericano, los eurodiputados y los signantes del tratado comercial de Asia Pacífico, reprueban la aprobación de una ley eléctrica que viola todo entendimiento. Se firman tratados para después desconocerlos. Ningún país tiene el futuro cercano asegurado con estas decisiones de niño emberrinchado.

La divisa generalizada: apropiarse de los bienes de los demás

México ya es un sinsentido para el planeta Tierra. Máxime cuando desde hace cientos de años los estudios y análisis clínicos sobre el comportamiento y la caracterología de los mediocres y de los tiranos han puesto en evidencia su escasa catadura intelectual y moral.

Revelan la pobreza de su formación, su desconocimiento del entorno y su escasa ralea para entender el desenvolvimiento y el curso de la terca realidad. No ofrecen un ángulo compasivo para juzgarlos. En un santiamén, México se ha convertido en la tierra de nadie.

La divisa generalizada es sólo apropiarse de los bienes de los demás. Con un añadido macabro: nadie tiene derecho a vivir fuera de sus redes de complicidad, ni a reprochar el pantano de sus truculencias, pues todo se hace en nombre de una ilusoria transformación, para el consumo del cotarro de los chairos fanatizados.

Nadie puede resistirse a sus conductas corruptas. El que lo haga, pierde sus propiedades, su vida, o mínimo, termina en las cárceles regionales. El que denuncia sus trapacerías está de antemano fuera de este mundo. La ferocidad de la Cuarta Decepción es cobarde en grado sumo. Lo único que les interesa es el halago banal de los interesados de ocasión.

Nadie de su círculo cercano, aunque lo detestan, ha podido explicarle los impactos de sus agravios a la población. Nadie se atreve a contradecir por miedo al despido. Nadie tiene los arrestos para renunciarle. Saben hasta dónde es capaz de actuar para callar la desobediencia a sus arrebatos punibles.

¿Ahora piensa encargarle el fraude electoral al Ejército? 

Rodeado en su seguridad personal por mercenarios centroamericanos, contratados con el visto bueno de sus asesores estrellas, los infiltrados en Palacio, planea las invasiones de tierras, la apropiación de todo lo que se mueva, la más mínima expresión de la libertad. Los desajustes psiquiátricos son más que evidentes, están plenamente demostrados ante los ojos de todo el mundo.

A falta de operadores electorales, pues ya casi no queda nadie que lo acompañe en sus aventuras desquiciadas, ahora piensa encargarle el fraude electoral al Ejército, que tampoco sabe cómo hacerlo.

Primero pensó en una nueva credencial de elector manipulable, luego en la credencial digital venezolana o china, ahora ya no sabe para dónde hacerse, porque le falta lo principal para el fraude: la gente que lo lleve a cabo.

Lo único que puede parar esta crisis perpetua en la que nos ha hundido es la votación masiva en contra de su partidito cargado de maletas de dinero nuestro. ‎El pueblo mexicano, proverbialmente sensible a la destrucción es el que debe poner un alto a la barbarie y al desajuste emocional del caudillito.

Un nuevo acuerdo social para nuestra supervivencia 

Todo lo que nos pasa puede evitarse con ese momento de reflexión, para con humildad, sensatez y visión primaria de corto, mediano y largo plazo, protestar contra la hambruna que se avecina. El país entero deberá hacer un nuevo acuerdo para la supervivencia.

Si no lo hace, estamos perdidos, en el fondo de un abismo que no tiene salida posible.

¿No cree usted?

Índice Flamígero: “(AMLO) se ha hecho a sí mismo teniendo como referencia a los grandes líderes del país, Benito Juárez, Lázaro Cárdenas, Miguel Hidalgo, pues él está encabezando un proyecto y le llama la Cuarta Transformación no de manera gratuita… No ha habido en este país un líder social que le dedique tanto tiempo de su vida a pensar en lo demás… Quizá la idea del sacrificio en nombre de algo más grande podría parecerse a los más grandes líderes de la historia, en eso quizá sí se parezca. Por su puesto a Jesucristo, a Mahatma Gandhi, Luther King, Mandela, está a ese nivel”, aseguró en entrevista con Fernando del Collado el candidato a diputado –por Morena, but of course— Antonio Attolini, seguramente infectado por ese virus mortífero que es la 4T.

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