La Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, se pronunció porque las agencias regulatorias de medicamentos, como la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), asuman responsabilidades no sólo para aprobar nuevas fórmulas en medicinas, sino que también vigilen a los alimentos.

“Los marcos regulatorios y particularmente las agencias regulatorias no solamente deberían orientarse exclusivamente al tema de los medicamentos y todo lo que se refiere a ello, sino también a todo el marco que tiene que ver con la prevención de la salud y a una vida más saludable particularmente en las grandes urbes”, expuso Sheinbaum Pardo al participar en el Simposio Internacional “La Regulación Sanitaria en un Mundo Post COVID-19”.

La Jefa de Gobierno capitalino reconoció que la pandemia tuvo un mayor impacto en la Ciudad de México, “pero la organización y el trabajo multidisciplinario permitieron enfrentar esta enfermedad con buenos resultados”.

“Ha sido una de las ciudades que más difícilmente ha recibido esta pandemia y aún así, ha podido enfrentar esta pandemia de una manera en donde ninguna persona ha dejado de recibir atención médica”, dijo Claudia Sheinbaum.

Por su parte, Jorge Alcocer, secretario de Salud federal, señaló que la falta de agencias regulatorias en América Latina tiene un efecto adverso sobre la atención de las enfermedades, pues retrasa el tratamiento o acceso a los medicamentos que puedan ayudar a controlar, por ejemplo, la pandemia de COVID-19.

“En el continente americano y de los 35 países que lo integran, sólo ocho tienen agencias reguladoras calificadas como referencia regional por la OPS, ¿qué hay de los otros 27 países?, las agencias reguladoras nacionales que no poseen un nivel IV pueden tardar hasta más de mil días en espera para autorizar nuevos medicamentos, la duración en las autorizaciones de nuevos medicamentos impacta directamente en la salud de la población”, destacó Alcocer Varela.

Añadió que este número de agencias regulatorias de medicamentos demuestra la inequidad en el acceso a insumos de salud en el continente y el mundo.

Fuente: La Razón