Los aproximadamente 3 millones de mexicanos que dependen directa o indirectamente de la producción de café, mayoritariamente de 30 pueblos indígenas, desafortunadamente padecen por el precio que se le paga al productor primario por una taza de café, con el que paga el consumidor final por la misma taza de café, denunció el senador Ricardo Monreal Ávila.

El legislador participó en el foto semipresencial “Análisis y discusión sobre la iniciativa con proyecto de decreto por el que se expide la Ley de Fomento a la Cafeticultura”, que organizó la Comisión de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Rural, que preside José Narro.

La iniciativa señala que, aunque 48% de la producción nacional de café verde se destina a consumo doméstico y 52% a exportaciones, sin duda que es necesaria la promoción de un mayor consumo en nuestro país.

La PROFECO señala que 85% de los mexicanos toman de una a tres tazas al día de café y son los hombres los que consumen más de tres tazas frente a dos que toman las mujeres, lo cual significa 0.6 kg per cápita anual.

En su intervención, Monreal Ávila detalló que en Chiapas, Veracruz, Puebla, Oaxaca, Guerrero, Hidalgo, San Luis Potosí, Jalisco, Colima y Nayarit, la producción del aromático presenta una disminución notable en los últimos cinco años en un escenario adverso, “aderezado” por la fijación de precios en el mercado internacional.

Además, por las afectaciones generadas por el cambio climático traducido en sequías prolongadas y loa aparición, desde 2013, de plagas como la roya, que afectan a los cafetales.

Ante senadores integrantes de la citada Comisión y expertos en la materia, el senador por Morena explicó que 95% de los productores de café son minifundistas con cinco hectáreas o menos y prácticamente no tienen acceso a crédito ni a seguro contra riesgos ni seguridad social.

Por ello, dijo que las personas dedicadas a la producción de café integran uno de los sectores más vulnerables de la población que requieren de desde apoyos financieros con créditos accesibles, acompañamiento técnico, asesoría comercial para competir en un mercado mundial, organización para compra de insumos y venta de productos para generar economías de escala y posicionarse frente al mercado en condiciones competitivas.

Celebro la iniciativa que presentó en septiembre del año pasado el senador Eduardo Ramírez Aguilar, actual presidente de la Mesa Directiva del Senado y originario de Chiapas, uno de los estados con mayor producción cafetalera.
De acuerdo con la iniciativa, Ramírez Aguilar propone expedir la Ley de la Cafeticultura con el objeto de normar, impulsar, fomentar y promover la producción, comercialización, industrialización, certificación y consumo del café.

Además, crea el Consejo Mexicano del Café como organismo público descentralizado que fungirá como instancia de consulta para el Gobierno federal en lo concerniente a la actividad cafetalera; asimismo, el Consejo contara con una Junta de Gobierno como órgano de dirección que estará presidido por el Titular de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.

El Consejo operara un Registro Nacional de Productores, Industriales, Comercializadores y Exportadores de Café como mecanismo de inscripción y consulta en lo relativo a este sector.

Por otra parte, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural deberá formular el Plan Rector para el desarrollo de la Cafeticultura y el Ejecutivo federal deberá prever en el proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación un Fondo de Estabilización, Fortalecimiento y Reordenamiento de la Cafeticultura para apoyar a los productores cuando los precios internacionales del café sean menores a su costo de producción.

Por lo anterior, los participantes coincidieron con el senador Monreal en el sentido de que el sector cafetalero aporta a la economía nacional, por lo que debería existir una especie de compensación a favor de los cafetaleros que se tradujera en un incremento de la inversión pública a ese sector.

Promover el seguro de todas las unidades productivas, considerando que se ubican generalmente en zonas susceptibles de eventos climáticos que pueden afectar de forma total la producción; además, garantizar acompañamiento técnico, innovación tecnológica, acceso al crédito y a los mercados locales nacionales y globales, que ayuden a propiciar mejores condiciones de vida para quienes se dedican a la producción de café y la crisis por la que atraviesan actualmente.