FRANCISCO RODRÍGUEZ

Siempre supieron por dónde se movía. En dónde se escondía.

Igual los estadounidenses que los mexicanos, lo tenían ubicado.

Hasta que políticamente fue conveniente sacarlo a la luz por las presiones ejercidas por Joseph Biden a Andrés Manuel López Obrador en su malhadado encuentro de un par de horas

Y ahora fue a la Marina Armada de la 4T a la que le tocó llevar a cabo una escenificación.

Limpio, rasurado, escoltado por dos marinos enfundados en uniformes de campaña que lo llevan sin inmovilizar, que lo hidratan, que casi casi lo apapachan.

La muy publicitada captura de lo que queda de Rafael Caro Quintero, a ojos de expertos, pareciera ser un montaje.

Más, todavía, cuando no hay un cerco exterior en el raro operativo que tuvo como tramoya el área rural de la sierra sinaloense próxima a Chihuahua.

Y peor: cuando en el acto participa un camarógrafo que, con cámara profesional al hombro, documenta hasta como un perro olfatea entre los matorrales y, ¡shazam!, encuentra al que hace ya cuatro décadas fuera un poderoso narcotraficante y que hoy ni su sombra es.

Durante 37 años lo ha reclamado el gobierno estadounidense por su supuesta participación en la tortura y posterior asesinato del agente de la DEA Enrique Kiki Camarena Salazar.

Y es detenido con fines de extradición al vecino país del norte apenas un par de días después de la malhadada entrevista AMLO – Biden, en la que nuestro primer mandatario –tosco, achicopalado, hosco, aparentando estar fuera de lugar– parecía haber sido regañado por el estadounidense.

Razones no le habrían faltado.

Caro, muy caro el montaje.

Nos costó la vida de decena y media de marinos que viajaban en uno de los helicópteros participantes en el montaje de la captura.

Fueron 14 vidas las que también se ofrendaron a los gringos que, mejor que nadie, saben que Caro Quintero ha sido la coartada que la CIA ha empleado durante casi 40 años para ocultar que fueron los agentes de esa agencia estadounidense de espionaje quienes cobraron la vida de Camarena Salazar.

El “Kiki” se pasó de listo

Los estadounidenses han convertido a Camarena Salazar en un martir de la lucha en contra de las drogas.

Y han soslayado que, en realidad, el Kiki –como lo apodaban– siempre estuvo involucrado con diversos grupos del narcotráfico internacional.

Arguyendo infiltración, su trabajo real era la de coordinar grupos de narcotráfico.

Él, por ejemplo, participó activamente en la unificación de 114 bandas de narcotraficantes de México, Colombia, Cuba y Perú para el trasiego de drogas a Estados Unidos llevada a cabo por la DEA, administradora de los estupefacientes para el consumo de los gringos.

Entre las funciones de Kiki estaba la de sobornar a funcionarios mexicanos para que no interfirieran en el “trabajo” de la DEA y de los propios narcotraficantes consentidos por la agencia estadounidense.

Pero se pasó de listo y…

Se ha revelado, no hace mucho, el complot que en su momento organizaron diversos personajes del narcotráfico internacional, como lo eran Juan Ramón Matta Ballesteros, de origen hondureño, y de Félix Rodríguez, un cubano anticastrista que siempre trabajo para la CIA y quienes en conjunto operaron la muerte de Camarena.

Se sabe ya que Félix Rodríguez –miembro de la CIA– dio la orden a Juan Ramón Matta para que levantaran y le dieran muerte al ex agente de la DEA, Salazar Camarena.

Realidad Vs. Cuentos de la DEA

En el libro de Hilda VázquezLa verdadera historia de Camarena, se lee que, contrario a lo que dice la DEA, el 7 de febrero de 1985 Enrique Camarena Salazar nunca llegó al consulado estadounidense en Guadalajara. Desde el día anterior, se hospedaba en el hotel Jericó de Zamora, Michoacán, muy cerca del rancho El Mareño, propiedad de sus compadres y protectores Los Bravo, quienes después fueron masacrados porque “sabían demasiado”.

El plan del “secuestro”, de acuerdo con ese texto, fue urdido por James Kuykendall, amigo de Kiki, y encargado de la oficina de Guadalajara, quien aspiraba a ser jefe de la Drug Enforcement Administration en México. Para tal objetivo necesitaba un mártir y Camarena era ideal: su esposa lo había abandonado hacía más de seis meses, sus propiedades las había vendido el año anterior y ya quería regresar a Estados Unidos.

De no haber puesto en marcha dicho plan, apuntó, los agentes de la DEA habrían seguido supeditados a los lineamientos de la CIA y el FBI. Kuykendall sabía del potencial económico que era el narcotráfico en México. Quería que la agencia para la que trabajaba manejara presupuesto propio… y lo consiguió, señaló la autora.

Y fue así

Vázquez destaca que los cadáveres que hicieron aparecer como de Enrique Camarena y del piloto Alfredo Zavala no fueron encontrados en el lugar donde la DEA sostiene que estaban.

“Los cuerpos y las autopsias distan mucho de las características de los desaparecidos. Los informes forenses procedentes de Zamora y Guadalajara son diferentes entre sí. Camarena no es identificado por ningún miembro del gobierno norteamericano, ni por sus familiares. Zavala Avelar tampoco fue reconocido por nadie”.

El libro resalta que posteriormente empezaron a desaparecer testigos de esta trama.

Indicios

Los estadounidenses siempre han sostenido que Manuel Bartlett Díaz –director general de la CFE en la actualidad– participó en la ejecución del agente de la DEA. Secretario de Gobernación por aquel entonces, Bartlett fue rebajado, insultado y maltratado por John Gavin, el actor hollywoodense que fungía habilitado como un extraño embajador en nuestro país. Ello desató la indignación de la prensa mexicana seria –entre ellos, el columnista Manuel Buendía–, quien protestó por el injurioso trato dado al tabasqueño-veracruzano-poblano, quien después curó sus heridas ejecutando a los que pretendieron defenderlo. Hoy, se confirma, Bartlett no puede pisar territorio estadounidense y, prácticamente, está impedido de salir del país, toda vez que la Interpol pudiera capturarlo. * * * Y los problemas para Bartlett se multiplican. Para su muy mala fortuna –¡ya necesita una limpia en Catemaco!– en lo que lleva como director de la Comisión Federal de Electricidad ya se dio la decimosegunda alerta nuclear en la planta ubicada en Laguna Verde, en el estado muy mal gobernado por esa caricatura de político que es Cuitláhuac García. Con información del diario hispano El País –le digo, son los extranjeros los que sí hacen periodismo– se sabe que el pasado 19 de mayo uno de los dos reactores de la planta rebasó los límites seguros de temperatura de 65.6 grados centígrados. Ese día alcanzó los 100 grados. Y apenas a media semana un apagón en el área conurbada Veracruz-Boca del Río que provocó no pocos recordatorios familiares al director general de la CFE. Cobra cada vez más caro. Y no brinda el servicio de calidad mundial que antes de 2019 se presumía. * * * “¿Usted ha tenido diferencias con el presidente?” “Sí. Sí hemos discrepado. Por ejemplo, en la mitad de la pandemia, nosotros muy rápido pedimos usar el cubrebocas, mientras que el gobierno federal se tardó más tiempo. Evidentemente, uno coincide con el proyecto central (de la 4T), el que uno comparte”: respuesta de Claudia Sheinbaum, en entrevista para Publimetro. * * * Por hoy es todo. Le agradezco haya leído hasta aquí y, como siempre, le deseo tenga ¡buenas gracias y muchos, muchos días!

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