FRANCISCO RODRÍGUEZ

A principios del siglo, los mexicanos hacíamos mofa del gabinete de Vicente Fox Quesada, el segundo presidente de la (mal) llamada transición.

Tirios y troyanos coincidíamos en que el panista estaba rodeado de un “gabinete Montessori”, en alusión –equívoca, por cierto– al método educativo en el cual dice que el alumno hace lo que le pega en gana.

Fox y su entonces recién adquirida cónyuge se dedicaban mientras tanto a sentar las bases de una fortuna material que, interpósita persona, los ha convertido en prósperos empresarios de medios de comunicación, hospitales y hoteles, entre otros muchos “bisnes”.

Hoy, en la tercera década del siglo XXI, ni siquiera hay gabinete presidencial.

En el dizque gobierno de un solo hombre que padece el país sólo hay “floreros” y “corcholatas”.

Por eso vale preguntar:

¿Dónde está el gabinete?

¿Hay siquiera un gabinete?

Preguntarnos ¿dónde al piloto? está de sobra.

Ya sabemos que en las nubes.

Nubes rosas, además.

¿O será acaso que también él es un “florero”?

Agua podrida en los “floreros”

Dichos “floreros”, lo peor, ni siquiera adornan sino más bien afean y ensucian el ambiente político mexicano ya por su impreparación, ya por su indolencia para resolver los muchos problemas que tienen enfrente, incluso por la inacción ante la corrupción que ya corroe las dependencias que les encargó el Ejecutivo, lo que hace sospechar que en buena parte de los casos esos mal llamados secretarios “de Estado” son partícipes y beneficiarios de la podredumbre administrativa.

Igual en las principales empresas “productivas” del Estado, ya que en Pemex y en CFE son las compañeras sentimentales de los titulares, quienes se encargan de sustantivos y muy redituables negocios, usando para ello el patrimonio de todos los mexicanos.

Un somero repaso por algunas de las más visibles secretarías del Despacho Presidencial –como las denomina la Carta Magna– sustenta lo descrito líneas arriba.

Por falta de espacio por esta vez sólo le comentaré que en Hacienda los –hasta ahora– tres secretarios sólo hacen lo que Andrés Manuel López Obrador les ordena… aunque vaya en contra de lo que ellos sabe… hasta que se hartan y tiran el arpa.

En Gobernación, la señora Olga Sánchez Cordero convenencieramente tiró por la borda lo que parecía ser un destacado papel de jurista y se convirtió en mal entonada cheerleader de la 4T, dejando al garete la gobernabilidad del país, Cuando el agua que contenía ya estaba pestilente fue sustituida por Adán Augusto López, quien también lanzó a estribor la conciliación y el diálogo con los factores de poder para convertirse en “corcholata”. Pero esos son otros López.

Relaciones Exteriores en idénticas condiciones que la SHCP: “¡A sus órdenes, jefe!”

En Bienestar, dedicados a recaudar para las campañas y, supongo que hasta para la hucha personal, parte de lo que reparten entre ancianos, madres solteras, jóvenes, becarios, etc., etc.

En lo que antes era Agricultura dedicados a abrir la puerta a transgénicos y, bajo el pretexto de un supuesto combate a la inflación, a cárnicos contaminados.

Segalmex, un mecanismo para el saqueo tolerado desde Palacio Nacional.

En Economía ahora dedicados al enfrentamiento a un cada vez más desalentado sector empresarial.

La señorita al frente del Trabajo, paradójicamente en la fiaca, como dicen los argentinos a la güeva.

La nueva sede de Seguridad Ciudadana está ya en Badiraguato, Sinaloa. Y su titular, la “jefa” es la señora madre de El Chapo Guzmán.

En Salud y Educación dos buenos para nada que han dejado todo en manos de sus subalternos.

De quienes están al frente de los multichambistas soldados y marinos ya se ha hablado en demasía. Aunque se puede concluir que han mostrado cojear de la misma pata que los civiles.

¿Hay otras dependencias?

Nadie sabe.

O están ocultas a la vista de la ciudadanía.

O sus encargados se esconden para que nadie les pida cuentas.

Pateadas y hasta aplastadas

Las “corcholatas” de AMLO, le decía, son otros López.

Protagonistas involuntarios de una tragicomedia en la que destacan hilarantes y no pocas veces ridículos gags, como los cotidianamente exhibidos por el secretario de Relaciones con México de la Casa Blanca, Marcelo Ebrard.

Su precampaña está basada en tres vertientes:

Obedecer ciegamente a AMLO, no contrariarlo en absoluto…

… hacer reír al respetable a través de sus TikToks, y…

… mantener satisfechos a los gobernantes estadounidenses garantizándoles que él es quien más conviene a sus intereses económicos y de seguridad nacional.

La tragicomedia de la sucesión presidencial en Morena, adelantada por López Obrador para tapar con ella el desastre que en todos los órdenes se convirtió su Administración, también tiene tintes vergonzosos.

Y esos son estelarizados por la señora Claudia Sheinbaum, un personaje gris, seco, sin personalidad propia, dedicada a repetir e imitar palabras y acciones de AMLO incluido, claro, el de no trabajar y dar a los vástagos negocios para que tengan suficiente gelt, cual se le dice al dinero en el ya casi desaparecido lenguaje yiddish.

Y para compensar la sequedad, la permanente cara de tristeza, Sheinbaum dedica muy buena parte de los dineros de los pagaimpuestos capitalinos a ofrecer circo –espectáculos populares finsemaneros en el Zócalo–, sobre todo ahora que no alcanza el dinero familiar para adquirir cuando menos unos mendrugos.

El toque trágico de la precampaña presidencial del Movimiento de AMLO está a cargo de Adán Augusto López quien, por tan solo unas pocas semanas dejó en reposo su carácter pendenciero y represor.

Recuérdese que al llegar al gobierno de Tabasco una de sus primeras acciones fue enviar al Congreso local una iniciativa que le autorizaba a usar la fuerza pública en contra de quienes osaran manifestarse u obstaculizar las obras públicas… tomando providencias ante la construcción de la ya mal lograda refinería Olmeca.

Y cuando creyó que su estrategia de pacificador y apagafuegos de los incendios que a en sus diarias matinés inicia su pariente y paisano en contra de los mandatarios estatales hizo el switch y, como la consentida jefa del dizque gobierno de CDMX, se convirtió en una chiva en cristalería, un busca camorras que ya cuando está frente a aquellos a quienes agredió verbalmente, cobardemente niega ante la prensa sus pendencias.

Así, las “corcholatas” de AMLO se observan pisoteadas por la realidad de un país agotado por tantas estupideces, raterías e ineficiencias gubernamentales ¿no cree usted?

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