Francisco Garfias

El 13 de noviembre es el cumpleaños del presidente Andrés Manuel López Obrador. Sus adversarios le van a dar el regalo de su vida: una manifestación en las calles en defensa del INE.

No hay duda de que el tema le molesta, lo rebasa, lo hace perder la brújula. Lleva tatuada en su memoria la elección que en 2006 organizó el entonces llamado IFE, en la que oficialmente perdió la Presidencia ante Felipe Calderón, por menos de un punto.

No lo supera, a pesar de que en 2018 su triunfo se reconoció por el INE en un tiempo récord para México.

En la mañanera de ayer fue pródigo en insultos y descalificaciones contra los que defienden al árbitro electoral.

Sacó el diccionario de adjetivos descalificativos y lo recitó a defensores, organizadores y participantes en la marcha del domingo 13:

“Rateros”, “corruptos”, “achichincles”, “despistados”, “aspiracionistas”, “fifís”, “hipócritas”.

Parece que no se da cuenta de que, de refilón, insulta a una mayoría de mexicanos que tiene buena opinión del árbitro electoral.

Hasta en la encuesta del INE, que supuestamente fue ocultada porque favorece la reforma electoral de AMLO, un 56% de los mexicanos tiene una opinión buena o muy buena del instituto.

La medición de Reforma dice que 80% de los mexicanos estima que el INE ha sido importante para garantizar la democracia; 71%, que su desaparición pondría en riesgo la democracia.

Le pedimos al senador Germán Martínez una reflexión sobre la andanada del Presidente contra los defensores del INE. Nos dijo:

“Menospreciar al adversario es el primer paso a la derrota. Las declaraciones presidenciales son soberbia pura que pagará Morena en las urnas.

“El Presidente debe recordar que por la calle que mandó bloquear gritando “¡fraude!”, en 2006, por allí caminaron antes muchos capitalinos pidiéndole seguridad y los ninguneó, como hoy a los que piden un INE autónomo”.

Germán se refería a la marcha que se organizó en la Ciudad de México el 27 de junio de 2004, cuando López Obrador era jefe de Gobierno del DF. Ese día, más de medio millón de personas marcharon por avenida Reforma para exigir más seguridad en la capital de la República.

El historiador Enrique Krauze recuerda en un artículo que escribió en Letras Libres ese junio de 2006:

“En vez de considerar la pertinencia objetiva de los reclamos, López Obrador se lanzó al palenque y declaró: ‘Sigo pensando que metieron la mano en este asunto’…”.

Y más adelante: “Eran unos pirruris, dijo el Peje, refiriéndose con desdén a los marchistas”.

Guadalupe Acosta Naranjo, cabeza del Frente Cívico Nacional —una de las organizaciones que convocaron la manifestación—, le pedimos la misma reflexión. Fue lacónico, pero duro: “¿Del brazo de Barttlet? ¿Que recoja la lengua?”.

* Morena y sus rémoras se aprestan a darle un golpe a los órganos autónomos que limitan el poder personal y arbitrario del Presidente. Les va a recortar 6 mil 437 millones de pesos.

El más perjudicado es el INE. Le quitan 4 mil 437 millones de pesos en 2023. Al Poder Judicial le bajaron mil 425 millones de pesos. Las Cámaras, la Auditoría, el Inai, la Cofece y el Instituto Nacional de Comunicaciones asumen el resto del recorte.

La gran beneficiaria es la Secretaría del Bienestar. El Programa de los Adultos Mayores sube 3 mil 841 millones y las pensiones a discapacitados, 2 mil 500. Aplaudiría si no sospechara que son programas socioclientelares.

* Leo con estupor que el hombre detenido el pasado 5 de noviembre acusado de conducir el taxi del que se arrojó la joven Lidia Gabriela, 23 años, no es el que busca la policía.

Ese estupor se vuelve horror al escuchar a la jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, acusar al fiscal de Morelos, Uriel Carmona, de encubrimiento en el feminicidio de Ariadna Fernanda, 27 años, encontrada en la carretera a Tepoztlán el 2 de noviembre.

El horror se transforma en indignación con la noticia de que María Carmela Velázquez, integrante del colectivo Personas Desaparecidas de Pénjamo, fue asesinada en Guanajuato. Buscaba a su hijo, Óscar Zúñiga, desaparecido en junio de este año.

Y la indignación, en rabia, cuando nos dice el Presidente que la estrategia de seguridad funciona y no hay 135 mil razones para cambiarla.

Publicado en excelsior