FRANCISCO RODRÍGUEZ

Salerosa… e incomprendida. Así es la señora Beatriz Gutiérrez Müller.

Puso todo su empeño, echó mano de todos sus recursos, para que la reciente “cumbre” de mandatarios de América del Norte fuese algo más que reiterativos discursos protocolarios que no disimularon un ápice las presiones a las que se vio sometido el gobiernito de su marido, el señor Andrés Manuel López Obrador.

Todas las ganas, todo el empuje y todas las confianzas con los invitados Joseph Biden y Justin Trudeau… y, en ciertos momentos, también con las señoras esposas de éstos.

Ya se le colgaba del brazo a uno. Ya tomaba de la cintura al otro. Mientras que ellos, como clásicos sajones, no se permitían exteriorizar sus emociones de simpatía hacia la señora esposa de su anfitrión.

Peor en el caso de las consortes.

Jill Biden, seca, más que adusta.

Sophie Grégoire, hasta evasiva.

¿Qué hubiera hecho AMLO si, por sus atuendos o hasta por sus excesos en las aproximaciones a los invitados, la “no primera dama” no hubiese sido blanco de atención de “las benditas redes sociales”, en lugar de que quienes participamos en ellas nos hubiésemos centrado en lo que sucedía tras bambalinas?

De por sí, sus hijos José Ramón y Andrés Manuel fueron protagonistas de rumores que los situaban como próximos a ser detenidos por el FBI, al mayor, y como un despechado entrometido en asuntos de Estado, al segundo.

¿Habríamos dejado a un lado –como efectivamente se hizo– las cada vez más grandes diferencias que separan a nuestras Fuerzas Armadas? El titular de la Defensa, por un lado. El de la Marina Armada, en el diametralmente opuesto.

Y si, en lugar de arrancarnos carcajadas porque AMLO no distingue si es a la derecha o la izquierda que hay que mover la palanca para que el añoso elevador suba o baje, hubiésemos puesto el foco de atención en los ultimátums que los invitados lanzaron en cuanto al tráfico de fentanilo, sin la desagradable presencia de Alejandro Gertz, y en materia de energías limpias, también en ausencia del repulsivo Manuel Bartlett.

Si como dicen por ahí la “cumbre” fue un éxito, AMLO se la debe entonces a su salerosa –e incomprendida– esposa Beatriz Gutiérrez Mülller.

¿No cree usted?

El descrédito de la Fiscalía de CDMX

Luego del “oso” que apenas el lunes 2 de enero hicieron la señora Claudia Sheinbaum y “su” fiscal, la señorita Ernestina Godoy, la Fiscalía General de Justicia de CDMX perdió el escaso crédito que aún tenía.

Jugaron ambas a la “grilla”.

En apoyo claro y abierto a la carta que el mero jefe de las dos proponía –no son los ciudadanos, aclaro– que fuese la presidente de la SCJN.

Y por la libre elaboraron o, si usted prefiere, fabricaron una exoneración exprés para la candidata de su jefe, exhibida como plagiaria por el escritor y académico Guillermo Sheridan, lo que horas antes de que se conociera y publicara el documento de la dependencia de Godoy ya había sido ratificado por el propio rector de la UNAM Enrique Graue.

Y ¡puf!, en un santiamén colapsó la exoneración fake y, con ella, repito, la ya para entonces casi nula credibilidad que la sociedad le tiene a esa y a otras instancias que dizque procuran justicia.

¿Con ese tan cercano antecedente podemos y debemos creer en el resultado de esa otra investigación, también rauda y veloz, pero quien sabe si certera, sobre los presuntos agresores al señor Ciro Gómez Leyva?

¿Y los autores intelectuales? ¿Esos qué?

Como siempre, en México tenemos criminales materiales, pero no intelectuales.

Los casos Colosio, Ruiz Massieu –para no remontarnos hasta Álvaro Obregón— nos han dado a los mexicanos un cúmulo de perpetradores materiales, mientras que los que idearon, dieron recursos permanecen en el anonimato, ocultos por los propios procuradores ¿de justicia?

¿Usted le cree a Claudia y a “su” Fiscalía?

Yo tampoco… como nos enseñó en su momento La Maestra.

Indicios

Fundamentalmente porque ya prescribieron los plazos legales, la “ministra” Yasmín Esquivel Mossa la libra sin problema en lo jurídico, pero ya es una piltrafa política, moral, ética y hasta administrativamente. ¡Ya renuncie, señora! ¡Dedíquese a cuidar niños en su kindergarden de Lomas de Chapultepec que, para no variar, se asienta ilegalmente en un terreno que es para uso habitacional, no escolar! * * * Apueste usted, doble contra sencillo, a que la “regenta” de AMLO en CDMX corrió a quejarse ante su consentidor de ser víctima de uno o más “complós”, entre ellos, las cotidianas descomposturas del Metro y que, por tal, el Jefe del Ejecutivo, creyéndole, envió a las tropas de la todavía inútil Guardia Nacional a vigilar las instalaciones del sistema, a los trabajadores e, incluso, a los pasajeros, imponiendo así una suerte de estado de excepción en vías y estaciones de todas sus líneas. Ya sus seguidores habían inculpado al sindicato y a su dirigente Fernando Espino, pero la treta no les funcionó porque éste y los trabajadores de inmediato respondieron que todo lo que pasa y lo que va a pasar en el Metro es ¡por falta de mantenimiento, de refacciones, de…! * * * Por hoy es todo. Gracias por su lectura del Índice Político. Como siempre, lo sabe usted, le deseo ¡buenas gracias y muchos, muchos días!

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