En un momento histórico en el que la participación política de las mujeres en México ha alcanzado niveles sin precedentes, pero también enfrenta desafíos persistentes, la presentación del libro “Guerreras de la Democracia” se convirtió en un espacio de reflexión, denuncia y reafirmación de la lucha femenina en el país. Desde el recinto legislativo de San Lázaro, figuras clave de la vida política nacional coincidieron en un mensaje contundente: la lucha de las mujeres no solo sigue vigente, sino que es indispensable para la defensa y el futuro de México.
La senadora Cristina Ruiz Sandoval fue una de las voces centrales del evento. Con firmeza, dejó claro que las mujeres no están en los márgenes de la vida pública, sino en el centro de las transformaciones que el país requiere. Su participación no fue solo institucional, sino profundamente personal: ella misma forma parte de las 32 historias que recoge la obra, un compendio que busca visibilizar trayectorias marcadas por la resistencia, la persistencia y el compromiso con la democracia.
Acompañada por figuras como Rubén Moreira Valdez, coordinador parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados; Margarita Zavala, y la coordinadora del libro, Melissa Vargas Camacho, Ruiz Sandoval enfatizó la necesidad de que las mujeres continúen participando activamente en todos los ámbitos de la vida pública.
“México nos necesita a todas”, expresó con determinación ante un auditorio atento. Su mensaje fue más allá de un llamado a la participación: fue una invitación a resistir, incluso cuando el camino se torna adverso. En sus palabras, la política sigue siendo un espacio de alto riesgo para las mujeres, pero también uno que exige valentía y convicción. “Vamos a seguir incomodando”, afirmó, en una frase que sintetiza el espíritu del libro y de las historias que contiene.
La obra “Guerreras de la Democracia” no solo narra experiencias individuales; construye una narrativa colectiva que pone en evidencia las desigualdades estructurales que aún persisten. Ruiz Sandoval lo expresó con claridad: en la política, las mujeres trabajan el doble y reciben la mitad del reconocimiento. Esta afirmación, lejos de ser retórica, refleja una realidad documentada en múltiples espacios donde la participación femenina sigue enfrentando barreras invisibles pero profundamente arraigadas.
El libro, según explicó Melissa Vargas Camacho, surge de una inquietud urgente: reconocer y dar visibilidad a mujeres que han luchado desde distintos frentes, ya sea en cabildos, comunidades, partidos políticos o desde el activismo. En su intervención, subrayó que la democracia no es un estado estático, sino una construcción diaria que requiere del esfuerzo constante de quienes creen en ella.
Más allá de los discursos, el evento dejó ver un punto de coincidencia entre las participantes: la lucha de las mujeres está profundamente ligada al amor por México y a la responsabilidad hacia las futuras generaciones. Este vínculo emocional y político impulsa a muchas a mantenerse firmes, incluso frente a contextos adversos o escenarios de violencia política de género.
La importancia de visibilizar estas historias radica no solo en reconocer trayectorias individuales, sino en inspirar a otras mujeres a ocupar espacios de decisión. En un país donde las cifras de participación femenina han crecido, pero donde aún existen resistencias culturales y estructurales, iniciativas como este libro representan una herramienta poderosa para el cambio.
El recinto de San Lázaro, símbolo del poder legislativo, fue el escenario idóneo para este encuentro. Ahí, donde se construyen leyes y se definen políticas públicas, también se escucharon voces que exigen equidad, reconocimiento y justicia. Las historias contenidas en “Guerreras de la Democracia” son, en esencia, un recordatorio de que la democracia no puede entenderse sin la participación plena de las mujeres.
En un contexto global donde los derechos de las mujeres enfrentan retrocesos en diversas regiones, el mensaje que emergió de esta presentación es claro: la lucha continúa, y no hay marcha atrás. Como lo señaló Ruiz Sandoval, ninguna mujer camina sola. Esa idea, más que una consigna, se consolida como una red de apoyo, resistencia y transformación que sigue creciendo.

