Atlacomulco, Estado de México.— En una región donde el rezago educativo sigue marcando la vida de muchas familias, una iniciativa impulsada desde las aulas demuestra que la educación no solo se recibe, también se comparte. El Plantel “Isidro Fabela Alfaro” de la Escuela Preparatoria de la Universidad Autónoma del Estado de México ha puesto en marcha una estrategia que trasciende los muros escolares: una campaña de alfabetización comunitaria que involucra a estudiantes como protagonistas de un cambio social tangible.
Bajo el nombre “Campaña de alfabetización y abatimiento del rezago educativo”, este proyecto ha logrado articular el compromiso académico con la responsabilidad social. Más de 130 estudiantes participan actualmente en esta iniciativa, consolidándose no solo como alumnos de nivel medio superior, sino como agentes activos en la transformación de su entorno inmediato.
El programa, coordinado por el profesor Francisco Octavio Colín Plata, responsable del Comité de Responsabilidad Social del plantel, se desarrolla en colaboración con el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos, particularmente con su sede en Atlacomulco. A través de esta alianza, las y los estudiantes reciben capacitación especializada y materiales didácticos que les permiten enseñar a personas adultas en sus propias comunidades.
El origen del proyecto no fue casual. Surgió a partir de un diagnóstico socioeducativo aplicado al alumnado de nuevo ingreso durante el semestre 2024B. Los resultados revelaron una realidad contundente: el 56% de los familiares cercanos de los estudiantes presentaba algún grado de rezago educativo, desde primaria o secundaria inconclusa hasta casos de analfabetismo. Esta cifra encendió las alertas dentro de la comunidad académica, pero también abrió la puerta a una solución construida desde el interior del propio plantel.
En respuesta, se diseñó un modelo educativo comunitario alineado con el Currículo de Bachillerato Universitario (CBU2024) y los principios de la Nueva Escuela Mexicana, donde el aprendizaje se vincula directamente con la realidad social. Así, los estudiantes comenzaron a impartir clases en horarios extraescolares, enfocándose en familiares, amigos y vecinos, utilizando metodologías adaptadas a los ritmos y necesidades de cada persona.
El impacto ha sido significativo. Hasta el momento, 74 personas adultas han logrado avanzar en su formación académica: 30 concluyeron la secundaria, 23 finalizaron la primaria y 21 aprendieron a leer y escribir. Detrás de estas cifras hay historias de superación que reflejan no solo el esfuerzo individual, sino también el poder de una comunidad que se organiza para aprender y crecer junta.
Más allá de los resultados académicos, el proyecto ha fortalecido la convivencia familiar y ha revalorizado la educación dentro del hogar. Para muchos estudiantes, enseñar a sus propios familiares ha significado una experiencia transformadora que redefine su papel en la sociedad. Ya no son únicamente receptores de conocimiento, sino facilitadores del mismo.
“Este logro representó una gran motivación para las y los participantes”, señaló Colín Plata, quien destacó que varias de las personas beneficiadas han decidido continuar su formación académica. Este efecto multiplicador refuerza la importancia de iniciativas que no solo atienden problemáticas inmediatas, sino que generan cambios sostenibles a largo plazo.
El reconocimiento no se ha hecho esperar. El proyecto obtuvo el primer lugar en el Concurso Círculos de Calidad 2025, consolidándose como un ejemplo exitoso de innovación educativa con impacto social. Este galardón no solo representa un motivo de orgullo para el plantel, sino también un incentivo para replicar y fortalecer este tipo de estrategias en otras regiones.
En un contexto donde la educación enfrenta múltiples desafíos, la experiencia del Plantel “Isidro Fabela Alfaro” demuestra que las soluciones pueden surgir desde lo local, con creatividad, compromiso y colaboración. La campaña de alfabetización no solo combate el rezago educativo, sino que también construye ciudadanía, fomenta la empatía y reafirma el papel de la educación como herramienta fundamental para el desarrollo social.

