El cierre definitivo de la planta Cooperation Manufacturing Plant Aguascalientes (COMPAS), alianza automotriz entre Nissan y Mercedes-Benz, vuelve a encender las alarmas sobre el deterioro industrial y laboral que enfrenta México en los últimos años. La armadora, instalada en Aguascalientes desde 2015 y operando formalmente desde 2017, anunció el fin de sus operaciones para mayo de 2026, poniendo fin a casi una década de producción automotriz destinada principalmente a mercados internacionales.
La noticia cobró fuerza en redes sociales luego de difundirse imágenes del último vehículo saliendo de la línea de ensamblaje entre aplausos, música y despedidas de trabajadores, reflejando el impacto emocional y económico que deja el cierre de una de las plantas más importantes del Bajío mexicano. La empresa argumentó que la decisión responde a “cambios en la dinámica del mercado automotriz y en las preferencias de los consumidores”, además de una reestructuración global impulsada por Nissan y Daimler.
La planta COMPAS fue presentada en su momento como uno de los proyectos industriales más ambiciosos del país, con una inversión superior a mil millones de dólares y una capacidad de producción cercana a los 230 mil vehículos anuales. El complejo generó alrededor de 3 mil 600 empleos directos y miles más de manera indirecta mediante proveedores, transporte, logística, servicios y comercio regional.
Sin embargo, el cierre de COMPAS no es un hecho aislado. En los últimos siete años, México ha enfrentado una cadena de cierres, recortes y reestructuraciones industriales que han debilitado economías regionales enteras. Uno de los casos más recientes y severos fue el anuncio del cierre progresivo de la histórica planta CIVAC de Nissan en Morelos, la primera fábrica de la armadora japonesa fuera de Japón, decisión que dejará en incertidumbre a más de 2 mil 400 trabajadores directos y miles de empleos indirectos.
De acuerdo con estimaciones difundidas tras el caso CIVAC, el impacto económico anual por la pérdida de empleos y derrama comercial supera los 800 millones de pesos en salarios y más de mil 500 millones de pesos en afectaciones indirectas para negocios, proveedores y familias enteras que dependían de la operación industrial.
A ello se suman despidos masivos y recortes de producción registrados en sectores automotrices, manufactureros y de autopartes desde 2019, derivados de factores como la desaceleración económica global, la transición hacia vehículos eléctricos, conflictos comerciales internacionales, automatización industrial y la incertidumbre generada por cambios regulatorios y políticos. Expertos del sector han advertido que México ha comenzado a perder competitividad frente a otros mercados asiáticos y norteamericanos, particularmente por costos logísticos, inseguridad y falta de incentivos para nuevas inversiones.
En el caso de Nissan, el corporativo japonés puso en marcha un agresivo plan internacional de reestructuración denominado “Re:Nissan”, que contempla la reducción de plantas a nivel mundial, recortes laborales y disminución de capacidad productiva para enfrentar la caída de ventas y el aumento de costos operativos.
El cierre de COMPAS representa además un golpe simbólico para Aguascalientes, estado considerado durante años como uno de los principales polos automotrices de México. Diversos trabajadores y ciudadanos han manifestado preocupación por el efecto dominó que podría provocar en pequeñas y medianas empresas vinculadas al sector, así como en el consumo local y el mercado inmobiliario.
Mientras tanto, especialistas advierten que el debilitamiento del aparato industrial mexicano podría agravarse si no se generan condiciones de certidumbre para la inversión y la permanencia de empresas internacionales. La salida de plantas y la cancelación de proyectos productivos no sólo impactan las cifras económicas, sino también miles de historias familiares que dependen directamente de la industria manufacturera para sobrevivir.

