FRANCISCO RODRÍGUEZ
Hay un pozo de engaños que está convirtiendo al Estado en ruinas, mientras pocos en su sano juicio se preguntan cuál es el límite al que debamos llegar para solventar la actual esquizofrenia del régimen de Cuarta….
Dentro del aparato pocos protestan, nadie reclama a la necedad de negar lo evidente: Que el gobiernito de Claudia Sheinbaum, ella misma, están en permanente riesgo de que su Movimiento de Resentidos y Narcos (Morena) sea declarado por la Administración de Donald Trump como una organización terrorista.
Hay riesgos. Y ni siquiera son calculados por la propia inquilina de AMLO en Palacio Nacional, pues de comprobarse que ella también llegó al actual encargo con el apoyo logístico y económico de los cárteles del narcotráfico –como hay evidencias de que así lo hicieron Rubén Rocha y otros actuales gobernadores guindas–, el país entero se enfrentaría a una crisis constitucional de proporciones inimaginables.
Pregunta la señora Sheinbaum el por qué el gobierno estadounidense está tan interesado en México. Y la respuesta que ella no quiere oír, que además nadie le responde es: porque ya somos un serio problema para su seguridad nacional.
Y con todo el respeto que como dama me merece, usted señora Claudia Sheinbaum no lo entiende y se mantiene obstinada, terca, repito, en negar lo evidente.
Que en el extranjero no es a México al que se identifica con el narcotráfico. Que es al gobierno que usted supuestamente encabeza al que sí se le conoce así en todo el mundo. Como un narcogobierno, surgido de un narcopartido.
Y esto es porque la inmensa mayoría de los mexicanos no estamos dedicados al negocio de la droga. Tampoco lavamos las ganancias de la producción y el trasiego multimillonarias en dólares.
No imponemos a punta de metralleta a gobernadores como Rubén Rocha Moya ni a senadores como Enrique Inzunza –poder tras el trono en la Administración sinaloense–, entre otros. Obviamente, tampoco los cubrimos con el manto de la impunidad que su antecesor y usted les han extendido.
Habrá que decirlo una y otra vez hasta que usted lo entienda, señora. De lo que se habla y escribe en el planeta entero es de la existencia de un narcogobierno en nuestro país, a partir de que la Cuarta Transformación –así llamada por ustedes– se alió con los delincuentes para acceder y mantenerse en el poder.
Y eso inició desde que El Innombrable II acuñó aquello de “abrazos, no balazos”, en retribución al apoyo de los narcos con secuestros y asesinatos de candidatos opositores a Morena, con presiones y amenazas con armas de alto calibre a los electores ante las urnas, y con enormes cantidades de numerario para fondear las campañas electorales de los candidatos de Morena y sus rémoras del PVEM y del PT.
Y repito: no es a México, como tampoco a los mexicanos a quienes se les etiqueta como narcos en otros lares.
Es a Morena, el narcopartido, y al régimen de Cuarta… al que se le conoce así ya en todo el planeta.
Razones y motivos hay de sobra.
¡Cuidado con la indignación popular!
Es así como, desde el templete colocado en Palacio Nacional para que Sheinbaum nos recete casi a diario una retahíla de mentiras, esas explicaciones sibilinas ofrecidas no llevan sino a un baño de sangre, a la aceptación tácita de que el régimen está amarrado a designios oscuros y desconocidos, a espaldas de la voluntad popular. Aún es tiempo de reconocerlo, lo demás es irresponsable. Es una trampa sin salida.
Porque ya vivimos una tragedia de proporciones civiles incalculables e impredecibles. ¡Cuidado con la indignación, con la respuesta violenta, con la reacción del pueblo engañado y decepcionado!
Porque las mentiras provienen de ustedes, los dizque políticos empoderados, lo mismo que de empresarios favorecidos, aún de los narcotraficantes, lo mismo que de caciques y de mandos militares.
A diario hay sarracinas, asesinatos, masacres. Y no sólo entre los distintos grupos delincuenciales que pelean tal o cual plaza. No. Matan sólo a los ciudadanos de a pie, como usted estimado lector, como yo. El narco ha votado, liquidando im-pu-ne-men-te a los candidatos que no son del agrado de la 4T o que no se pliegan a ser sus cómplices o mecenas.
Candidatos a gubernaturas, a escaños y curules, incluso a ministros, magistrados y jueces han sido electos por esa “alianza intolerable”, como la calificaron la Casa Blanca y Trump, entre cárteles y Morena.
Y es una alianza que perdura. ¿Por qué, si el país está en paz, cual usted y su secretario de (in)Seguridad, Omar García, presumen –con datos a la baja en asesinatos y masacres– en las matinés que se celebran en Palacio Nacional, a diario se contabilizan tantas muertes? Centenares cada semana.
Esta es la pregunta… y tal vez sea la respuesta que no quiere decir su nombre.
¿Hay miedo o hay compromisos inconfesables que para los mexicanos y para el resto del mundo son evidentes?
El presidencialismo está agotado
Hasta donde se sabe, al crimen organizado y al terror subversivo nunca se le ha combatido con oraciones, ni en los estados confesionales. Mucho menos con abrazos, como tampoco con falsas estadísticas.
En todas latitudes se ha considerado que el Estado mexicano se doblegó, que fue humillado, que las Fuerzas Armadas están en un quién vive.
A todas las explicaciones no pedidas, les viene el saco de inculpaciones manifiestas.
Porque no se vale jugar a las comiditas cuando el pasto está tan seco y puede arder la pradera.
Seguir inculpando a los titulares de sexenios anteriores y hasta a Hernán Cortés es no aceptar el error básico y éste no puede ser eludido con argumentos surgidos de culpas anteriores y menos de lo peor del síndrome autoritario del poder unipersonal, desdeñoso del verdadero mandato popular, que ya no es el expresado mayoritariamente en las urnas porque es producto de un voto comprado o chantajeado.
En una sociedad moderna, informada, no caben argumentos que ya fueron aplicados en otras épocas, dominadas por la desinformación e ignorancia sobre los asuntos públicos.
Ésa fue siempre la falla y la ofensa del régimen presidencialista que ya agotó su viabilidad, su confiabilidad, que ya dejó las huellas de su fracaso en la gobernabilidad pacífica. De nada sirve asumir la responsabilidad a toro pasado. La ofensa al sentido común prevalecerá y jamás será perdonada.
Y sí, los de su antecesor y de usted, señora Sheinbaum, y sus reuniones de la seis de la mañana con eso que llaman “gabinete de seguridad”, sólo dan bastonazos de ciego, peores a los que provocaron el error mayúsculo. Nadie, nunca, es tan infalible y creíble para tomar decisiones que no son aceptadas por la mayoría. El tufo despótico ya no cabe cuando el alud de evidencias, mostradas en todo el mundo, han magnificado el gazapo.
Porque en una época en la que prevalece la inmediatez y la evidencia informativa, debe andarse con cuidado. Es imposible y fallido actuar en lo oscurito. Todo se sabe al instante en que se produce.
¿De qué platican en esas reuniones, si es que aún se celebran?
¿De sus complicidades? ¿De cuánto numerario recibirán por cada abrazo que brinden a los delincuentes? ¿Del reparto entre ustedes del botín?
Mientras, el narco ya volverá a votar, a asesinar y a fondear campañas de candidatos a jueces, magistrados y ministros que no sean “a modo” de la 4T.
Porque duele decirlo, pero en México hay un narcogobierno, surgido de un narcopartido al que en cualquier momento Washington puede categorizar como organización terrorista.
Indicios
Recurro nuevamente al analista Ghaleb Krame quien en un post en X primero le explica el proceso y luego le dice a la señora Shienbaum que es un error negar que existe el riesgo de que Morena sea declarada como organización terrorista. “Los indictments federales recientes contra altos funcionarios y operadores de Morena por conspiración con el Cártel de Sinaloa (ya designado como terrorista) ya pusieron el tema sobre la mesa de forma muy concreta. El riesgo político, jurídico, financiero y reputacional está sobre la mesa, le guste o no. Las voces honestas no son las que solo le dicen lo que quiere escuchar o, aquéllas, que se prestan para publicidad coordinada. Escuche las voces ciudadanas.” * * * Por hoy es todo. Reciba usted mi reconocimiento por haber leído este Índice Político y, como siempre, mis deseos de que tenga ¡buenas gracias y muchos, muchos días!


