La Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) logró devolver el esplendor y el movimiento original a la escultura monumental Esfera Cuántica “Tlacayótl”, una de las obras más representativas de su patrimonio artístico y cultural. Gracias a un proceso integral de restauración desarrollado en colaboración con especialistas universitarios y la Fundación Sebastián, la pieza creada por el reconocido escultor mexicano Enrique Carbajal González, mejor conocido como Sebastián, vuelve a exhibir tanto su imagen original como su característico mecanismo de rotación.

Ubicada en la Plaza Sebastián, frente a la Facultad de Contaduría y Administración, la obra se ha consolidado como un referente visual y cultural dentro del campus universitario. Su recuperación no solo representa una intervención técnica de gran complejidad, sino también un esfuerzo institucional por preservar el legado artístico que forma parte de la identidad de la comunidad auriverde.

La directora de Patrimonio Cultural de la UAEMéx, Yuriko Elizabeth Rojas Moriyama, destacó la importancia histórica y simbólica de la escultura, cuyo nombre proviene del náhuatl y significa “esencia humana”. Explicó que la pieza forma parte de una colección incorporada al acervo universitario gracias a la relación de colaboración que la institución mantiene con el maestro Sebastián desde 2014.

“Fue una donación realizada por el maestro Sebastián a la Universidad. Su obra posee una gran relevancia nacional e internacional por su aportación a la escultura monumental. La Esfera Cuántica forma parte de una reconfiguración matemática interna y refleja el interés del artista por los temas cuánticos, matemáticos y científicos, influenciado por el pensamiento de Roger Penrose”, señaló.

La restauración representó un importante desafío debido a las características de los materiales industriales que conforman la estructura. Los trabajos incluyeron tratamientos especializados para la conservación de elementos metálicos, la rehabilitación de soldaduras, la aplicación de sistemas de protección contra la corrosión y la recuperación del color original de la obra, que con el paso del tiempo había sufrido desgaste.

De acuerdo con Rojas Moriyama, uno de los logros más significativos del proyecto fue la reactivación del mecanismo de movimiento de la escultura, una característica que permaneció inactiva durante un largo periodo.

“Tenemos la fortuna de contar con el acompañamiento del maestro Sebastián y de la Fundación Sebastián en estos procesos de conservación. Hoy podemos apreciar la esfera con su color completamente recuperado, una limpieza integral y un mecanismo de movimiento que, después de permanecer detenido mucho tiempo, vuelve a funcionar”, expresó.

El proyecto también contó con la participación de especialistas de la Facultad de Ingeniería de la UAEMéx. El profesor Fernando Vera Noguez, coordinador del Área de Ingeniería Civil, explicó que junto con otros académicos colaboró en el diseño y adecuación del sistema interno responsable de la rotación de la pieza.

Según detalló, uno de los principales retos consistió en garantizar la estabilidad estructural de la escultura frente a fenómenos naturales como sismos y fuertes vientos, además de determinar la potencia necesaria para movilizar una estructura de gran tamaño y peso.

“Asistimos a los talleres del escultor para obtener información fundamental, particularmente sobre el peso de la pieza. Con esos datos fue posible calcular la potencia del motor y diseñar el sistema de transmisión que actualmente permite el movimiento de la esfera”, explicó el académico.

La restauración de “Tlacayótl” pone de manifiesto la estrecha relación entre el arte y disciplinas como la ingeniería, las matemáticas y la ciencia. La obra, concebida bajo principios geométricos y conceptos relacionados con la física cuántica, constituye un ejemplo de cómo la creación artística puede dialogar con el conocimiento científico para generar experiencias estéticas y reflexivas.

Para la UAEMéx, la recuperación de esta escultura representa además una apuesta por la conservación del patrimonio cultural universitario y por la formación de una comunidad más consciente de la riqueza artística que la rodea. Tanto Rojas Moriyama como Vera Noguez coincidieron en que preservar este tipo de expresiones fortalece la identidad institucional y fomenta el respeto por los bienes culturales que forman parte de la historia universitaria.