Durante más de tres décadas, miles de estudios clínicos han pasado por las manos de Alicia Lucero Peña Martínez. Cada muestra analizada representa una historia, una persona que espera respuestas y un médico que requiere información precisa para tomar decisiones. Detrás de esa labor silenciosa, que pocas veces es visible para los pacientes, existe una trayectoria marcada por la disciplina, la actualización permanente y un profundo sentido de servicio hacia la comunidad universitaria.
Con 36 años de trabajo en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), la química farmacéutica bióloga y responsable sanitaria del Laboratorio de Análisis Bioquímicos Clínicos de la Clínica Multidisciplinaria de Salud se ha consolidado como una de las profesionales que, desde el ámbito del laboratorio clínico, ha contribuido de manera significativa al fortalecimiento de los servicios de salud universitarios y a la formación de nuevas generaciones de profesionales.
Su historia comenzó mucho antes de incorporarse a la institución. Originaria de Toluca, Alicia Lucero Peña Martínez creció en un entorno donde el aprendizaje era una constante. Hija de padres dedicados a la docencia y hermana de tres varones, desarrolló desde temprana edad una personalidad curiosa y competitiva, en la que el deporte y el estudio convivían de manera natural.
Lejos de los estereotipos, disfrutaba participar en partidos de básquetbol, correr pruebas de velocidad y mantener hábitos de alimentación saludable, mientras descubría una afinidad especial por las ciencias exactas. Las matemáticas, la física y las prácticas de laboratorio despertaron en ella una pasión que, con el paso de los años, definiría su futuro profesional.
Fue durante su formación en el Plantel “Lic. Adolfo López Mateos” de la UAEMéx cuando comprendió que su interés por la ciencia podía convertirse en una profesión. La decisión de estudiar Química Farmacéutica Bióloga nació de la combinación entre sus habilidades académicas y el deseo de desarrollar una actividad que tuviera un impacto directo en la vida de las personas.
“Cuando llegó el momento de decidir qué carrera estudiar, pensé en aquello que realmente disfrutaba y en lo que se me facilitaba. Descubrí que mi camino estaba en la química clínica. Me encanta mi profesión, disfruto todos los días el trato con las personas, los análisis de laboratorio, la interpretación de resultados y el apoyo que podemos brindar al diagnóstico de los pacientes. Esa satisfacción sigue siendo la misma”, recuerda.
Con esa convicción ingresó a la Facultad de Química de la UAEMéx, donde fortaleció su formación científica y encontró el espacio ideal para desarrollar sus capacidades. Sin embargo, sería durante su servicio social cuando su destino profesional quedaría estrechamente ligado a la universidad.
Su llegada al entonces Centro Universitario de Investigaciones Médico Clínicas (CUIMEC), actualmente Clínica Multidisciplinaria de Salud, marcó el inicio de una carrera que ya suma 36 años de servicio. En ese espacio realizó su tesis en el área de bacteriología bajo la dirección de la química Ana María Hernández Maruri, quien en 1988 le brindó la oportunidad de integrarse al equipo de trabajo universitario.
Desde entonces, su desarrollo profesional ha estado acompañado por una permanente búsqueda de actualización. Diplomados, cursos de especialización y programas de capacitación han fortalecido sus conocimientos, convencida de que el laboratorio clínico evoluciona constantemente y exige preparación continua para ofrecer resultados confiables y oportunos.
Uno de los momentos más destacados de su formación fue la obtención de la Maestría en Ecología, logro que le permitió recibir la Presea Ignacio Manuel Altamirano y el Premio a los Mejores Estudiantes de México, reconocimientos que reflejan una trayectoria construida con esfuerzo, dedicación y excelencia académica.
Su experiencia profesional también trascendió los espacios universitarios. A lo largo de su carrera colaboró en instituciones como la Policlínica y el Centro Médico del ISSEMyM, el Sanatorio Florencia, Médica San Ángel, la Cruz Roja Delegación Toluca y el Centro Oncológico Estatal, donde fortaleció su visión sobre el papel estratégico del laboratorio clínico en la prevención, el diagnóstico y el seguimiento de diversas enfermedades.
Cada una de estas experiencias enriqueció su perspectiva sobre la importancia del trabajo interdisciplinario en el sector salud, reafirmando la relevancia de la química clínica como una herramienta indispensable para respaldar la práctica médica.
Sin embargo, su vocación no se ha limitado al análisis de muestras. La enseñanza ha ocupado un lugar igualmente importante en su vida profesional. Durante varios años impartió prácticas de bioquímica a estudiantes de la Facultad de Medicina de la UAEMéx, convencida de que la correcta interpretación de los estudios de laboratorio constituye una competencia esencial para cualquier profesional de la salud.
Con entusiasmo recuerda a muchos de aquellos alumnos que hoy ejercen como médicos especialistas, sabiendo que una parte de su formación pasó por el laboratorio donde ella compartía conocimientos y experiencias.
“Siempre he visto al químico como un apoyo fundamental para el médico. Cuando daba prácticas de bioquímica en la Facultad de Medicina les decía a los alumnos: ‘Ustedes quizá no harán estos análisis en el futuro, pero sí tendrán que interpretarlos’. Hoy muchos de aquellos estudiantes son especialistas y eso me llena de orgullo”, comenta.
Actualmente, además de coordinar las actividades del Laboratorio de Análisis Bioquímicos Clínicos de la Clínica Multidisciplinaria de Salud, mantiene una visión de mejora continua enfocada en fortalecer la calidad de los servicios que ofrece la institución.
Uno de sus principales objetivos consiste en lograr la acreditación del laboratorio bajo estándares nacionales e internacionales, un proceso que permitirá garantizar mayores niveles de calidad, confiabilidad y certeza en cada uno de los resultados emitidos, fortaleciendo así la atención que reciben estudiantes, trabajadores universitarios y usuarios de la clínica.
Para Alicia Lucero Peña Martínez, el laboratorio representa mucho más que un espacio de trabajo. Es un lugar donde convergen la ciencia, la responsabilidad y el compromiso social. Cada procedimiento, cada análisis y cada resultado forman parte de una cadena que contribuye al bienestar de quienes depositan su confianza en los servicios de salud universitarios.
Después de 36 años de trayectoria, la especialista asegura que aún existen nuevos retos por alcanzar. Lejos de contemplar el retiro como el cierre de su carrera, considera que cada meta cumplida abre la puerta a nuevos proyectos y oportunidades para seguir aprendiendo, innovando y compartiendo conocimientos.
“Siento que todavía puedo dar más. Los sueños nunca se terminan; cuando alcanzas una meta aparece otra. Eso es lo que nos mantiene vivos, con entusiasmo y con ganas de seguir adelante. Disfrutar lo que haces te impulsa a aprender, a enseñar y a apoyar a las futuras generaciones”, afirma.
Su historia refleja el papel fundamental que desempeñan los profesionales del laboratorio clínico dentro del sistema de salud, una labor que suele desarrollarse lejos de los reflectores, pero que resulta esencial para ofrecer diagnósticos oportunos y tratamientos adecuados.

