Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

Mientras el presidente Enrique Peña Nieto habla con parábolas, sin llegar al fondo de los temas y dándole a la especulación un lugar privilegiado, los grupos empresariales se lanzan abiertamente en contra de la reforma fiscal y el PAN, en el colmo de la traición, se deslinda del proyecto y llama a la sociedad a salir a las calles y rechazar el aumento en los impuestos.

El presidente habló el miércoles pasado de los “grupos de interés” que rechazan los cambios y que buscan “capitalizar la situación” tal y como está. Pero nunca señaló a nadie, con lo que su mensaje corre el riesgo de perderse en la nada y le permite a esos grupos, mantener la disputa por los privilegios.

Curiosamente, los grupos empresariales agrupados en las cámaras respectivas, han polarizado sus críticas a la reforma fiscal. Y lanzan toda clase de calificativos para descalificarla. Y ante ello, el gobierno no señala a nadie en específico.

Al mismo tiempo, el PAN deja saber su rechazo al proyecto. Se califica como enemigo de la idea de aumentar impuestos y critica al gobierno en todos los tonos posibles. Pero quiere que la sociedad olvide que, se acepte o no, el proyecto es parte de los resultados del Pacto por México, del que Acción Nacional es parte fundamental.

Así, el PAN acepta en el PPM las cosas, sólo para rechazarlas en la calle. Quiere desacreditar al gobierno al que acompaña desde su inicio, y quedar bien con una sociedad que hace algo más de un año le quitó el poder y lo convirtió en la tercera fuerza electoral a nivel nacional.

Pero el problema es para el gobierno. Incapaz de entender que para consolidar los cambios tiene que convencer más a la ciudadanía que los grupos de poder, el gobierno lucha en vano en dos frente. Sus aliados en la lucha por el poder, se sienten ahora abandonados. Y ante los cambios, luchan por mantener sus privilegios, sin que la autoridad federal sepa presentar a la sociedad, la historia real de los hechos.

Por su parte, el PAN se montó a toda prisa, en el Pacto por México, con la visión que priístas,

perredistas y gobierno nunca pudieron tener sobre un acuerdo que le quitaba al gobierno el poder y se lo entregaba al grupo que tuviera más habilidad para presionar en favor de sus intereses.

Así, fue el PAN el que obligó al gobierno de Peña Nieto a detener la aplicación de los programas sociales en las entidades en donde, en julio pasado, tendrían lugar procesos electorales.

También fue el PAN el partido que presionó para que, a cambio de mantener vigente el PPM, se respetaran posiciones políticas y administrativas. Y es el mismo partido que ahora acusa al gobierno de “haber tirado” la economía, como pago por el respeto mostrado por el priísmo a lo sucedido en lo 12 años de gobiernos panistas.

Es el gobierno el que se ha dejado chantajear Y por el PAN.

Así, para que el gobierno pueda aspirar a tener apoyo para las reformas hacendaria y energética, tiene que hacer nuevos pagos al panismo. Y entre ellos, el de la nueva reforma política. Si el gobierno quiere reformas, tendrá que elevar la entrega de cuotas de poder a los panistas. Así, el gobierno le dará al PAN, parte de lo que los ciudadanos le quitaron en las elecciones del año pasado.

El PPM se convirtió en la llave del éxito de Acción Nacional. El gobierno no entendió la legitimidad que le dio la sociedad con su voto. Buscó una ruta más amplia para la realización de las reformas y lo que ha encontrado res el rechazo de sus antiguos aliados, y la traición de los conductores del PAN.

Así, los empresarios rechazan la reforma fiscal y el PAN llama a la sociedad a salir a las calles.

Y la pregunta es si a los maestros se les desalojo del zócalo, a estos grupos de interés y de presión ¿cuándo se les aplicará la ley y cuándo se le explicará a la sociedad lo que realmente sucede?