Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

Arrinconado por los muchos problemas sin resolver, agobiado por la caída en las encuestas y desesperado por no perder totalmente el control político de la ciudad de México, Miguel Mancera decidió aparecer en público, de nueva cuenta, ahora para comprometerse a imponer “firmeza” a los policías que el pasado día 2 pudieran haber violentado los derechos humanos de manifestantes y/o detenidos.

Pero el problema para el señor Mancera está muy lejos de tener en ese evento, su raíz. La imagen del titular del gobierno del Distrito Federal se ha venido por tierra gracias a la incapacidad de su administración en general. No puede remediarse la situación con un discurso más, como los muchos que se han lanzado y nada han resuelto.

El señor Mancera no quiere entender que el problema de la policía nada tiene que ver con la aplicación o no, de un protocolo para hacer frente a manifestaciones y disturbios. El problema de la policía en la ciudad de México es el de la corrupción que, por lo visto, es mucho más serio de lo que nadie se hubiera imaginado.

Y por supuesto, el tema adquiere un nivel singular cuando se recuerda que el ahora jefe del gobierno en el Distrito Federal pasó de la titularidad de la Procuraduría General de Justicia capitalina, al poder total en la ciudad.

Dicho de otra manera, el señor mancera tendría que entender que a los ojos de buena parte de los habitantes del DF, si no conoce el problema de la policía capitalina ¿qué fue lo que hizo en la PGJDF? Y si lo conocer ¿cómo es que no lo enfrenta de manera adecuada?

Bastarían los datos conocidos en los sucesos del bar Heaven y en el del secuestro de un ciudadano colombiano a manos de policías citadinos, para entender que, sin importar lo que en los discursos digan las autoridades, la corrupción en la policía es de altos vuelos y que, se acepte o no, llega a niveles superiores.

No de otra manera puede explicarse que policías del Distrito Federal hubieran participado en el secuestro de los jóvenes de Tepito en el citado bar Heaven. Ya de por sí el sólo funcionamiento del bar mostraba a todas luces la corrupción imperante, cuando menos al nivel delegacional, como para querer que la sociedad crea que la actuación de los uniformados fue un hecho aislado e individual.

Las cosas se complican y mucho, cuando en el secuestro del ciudadano colombiano, las cámaras ponen en evidencia no sólo la participación exclusiva de los policías, sino cómo después del delito, se reportan en un cuartel regional de la policía y en el famoso C-$, que no es otra cosa que el centro de la inteligencia policiaca. En estas instalaciones el señor Mancera se concentra al momento de monitorear hechos como el del 2 de octubre pasado.

De esta manera, queda a la vista que si el discurso del señor Mancera es que en el DF no hay delincuencia organizada, la actuación de la policía del Distrito Federal pone en claro que la realidad es muy otra.

Y lo que es mucho más serio, lo sucedido demuestra que como parte de la delincuencia, la policía que tendría que proteger a los ciudadanos, es uno de los eje fundamentales.

Es así que las encuestas dejan ver una enorme caída en la imagen del señor Mancera. Y por ello el nuevo discurso del titular del gobierno capitalino en el que se anuncia “firmeza” contra los policías que pudieran haber cometido excesos el día 2.

Pero, a la luz de los problemas de fondo, lo interesante sería saber en qué momento el señor Mancera piensa aplicar firmeza real, para combatir la evidente corrupción que existe en la policía del Distrito Federal.