Un nuevo reto para el sistema de salud es la atención y tratamiento del llamado Covid Largo que afecta a entre el 5 y 30% de los sobrevivientes de la enfermedad.

Miles de pacientes de Covid-19 siguen sufriendo graves, debilitantes y persistentes síntomas meses después de la infección inicial, con significativas consecuencias sociales, sanitarias y económicas.

Los daños más persistentes son en pulmones, riñones, hígado, vasos sanguíneos y cerebro. Investigadores del Reino Unido señalaron que del 67.5% de las personas que trabajaban antes de contagiarse, el 17.8% ya no trabaja y casi el 20% experimentó un cambio relacionado con la salud en su estado ocupacional. Además, uno de cada cinco alcanzó el umbral de una nueva discapacidad.

Entre las secuelas, el pulmón postcovid se puede presentar en pacientes que no necesariamente estuvieron graves, e implica pérdida de la elasticidad normal del tejido pulmonar que, al volverse más rígido, provoca falta de aire y sensación de ahogo.

Asimismo, un reciente artículo publicado en la revista de la Asociación de Alzheimer de Estados Unidos cita décadas de evidencia científica sobre los efectos a largo plazo del SARS-CoV-2 en el cerebro y el sistema nervioso.

Por tal motivo, la Asociación está financiando a un consorcio de expertos de más de 30 países para comprender cómo la Covid-19 aumenta el riesgo, la gravedad, el ritmo y la progresión de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y otras psiquiátricas, como la depresión.

Estas consecuencias crónicas afectan la calidad de vida y la independencia de muchas personas, además de que recargan al sistema de salud que debe atender los contagios iniciales por Covid-19.

Por lo mismo, investigadores y expertos en salud recomiendan reforzar los hábitos para prevenir contagios, aún entre la población que ya fue vacunada. Destacan, entre las medidas, usar cubrebocas y mantener una distancia física de 1.5 metros de otras personas, mientras no llega a contenerse la pandemia.

Fuente: El Heraldo de México