México transita una década pérdida en la capacidad de la economía para soportar el crecimiento de su población. La actividad económica en México comenzó a mejorar de manera gradual a partir del tercer trimestre de 2020, pero una recuperación total, con un nivel similar al de 2018, se alcanzará en 2023 e incluso el producto interno bruto (PIB) por habitante no se recuperará hasta 2029, estima la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

El organismo prevé que la actividad económica en México crecerá 6.2 por ciento este año, recargada en el impulso de las exportaciones hacia Estados Unidos y, en menor medida, a la recuperación gradual del mercado interno; lo cual marca un alza respecto al pronóstico previo de 5.8 por ciento. Para 2022 se mantiene la perspectiva de un crecimiento de 3.2 por ciento, muestra el Estudio Económico de América Latina y el Caribe.

Sobre estos pronósticos “existen riesgos a la baja y al alza, vinculados con el ritmo de la recuperación del crecimiento económico mundial y con la evolución de la salida de la crisis sanitaria, sustentada en la disponibilidad de vacunas contra el Covid-19 y en el avance del proceso de vacunación”, puntualiza la Cepal.

Para América Latina se prevé que la región crezca 5.9 por ciento en 2021, lo que “se explica fundamentalmente por el arrastre estadístico”, recalcó en conferencia de prensa Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal. Y para 2022 se espera un crecimiento de 2.9 por ciento.

Detalló que América Latina es la región más afectada por la crisis en curso, tanto en lo referente a la actividad económica como al empleo. Sólo el año pasado, el PIB cayó 6.8 por ciento y el empleo lo hizo 9 por ciento, casi tres veces más que en cualquier otra parte del mundo.

“Antes de la crisis, la región venía creciendo a su menor ritmo en más de un siglo y, más allá de 2021, el gran desafío es revertir esta dinámica”. En el sexenio entre 2014 y 2019, creció a una tasa promedio de 0.3 por ciento, menor a 0.9 por ciento registrado en el sexenio que se dio en la Primera Guerra Mundial y de 1.3 por ciento durante la Gran Depresión, expuso la secretaria ejecutiva.

En ese contexto se dio la crisis de coronavirus y para 2021 se estima que sólo nueve países recuperan el nivel de PIB previo a la pandemia, mostó Bárcena. Agregó que 60 por ciento del incremento de la actividad se sustenta en el impulso del consumo privado, ayudado por las transferencias monetarias, remesas de migrantes y mayor movilidad; sin embargo, la inversión y las exportaciones muestran un dinamismo acotado.

La baja inversión y productividad, así como la informalidad, pobreza y desigualdad ya eran un problema estructural en la región, “una característica histórica en nuestros procesos de crecimiento económico”, pero ahora se agravaron. Así como limitaban el crecimiento de la región antes de la pandemia, condicionan la posibilidad de sostener una recuperación más allá del rebote de la actividad económica en 2021, explicó Bárcena.

Se perfila una paradoja en el tipo de crecimiento. En 2021 se prevé un arrastre o rebote sustentado por el consumo y hacia 2022 es inminente una desaceleración dada la profundización de los problemas estructurales de la región”, agregó. Por ello, el desafío fiscal será mantener las transferencias de emergencia para mitigar efectos de la pandemia y, si no reducir, contener la pobreza.

Agregó que se debe acelerar la inversión pública e incentivar, atraer y complementar con inversión privada hacia sectores intensivos en empleo y que apoyen la sostenibilidad ambiental. Además de reestructurar los sistemas tributarios eliminando la evasión, consolidando el impuesto a la renta a personas físicas y corporaciones, extendiendo el alcance de impuestos sobre el patrimonio y la propiedad, imponiendo impuestos a la economía digital, ambientales y relacionados con problemas de salud pública y revisando de forma progresiva las regalías por la explotación de recursos no renovables.

Fuente: La Jornada