FRANCISCO RODRÍGUEZ
Mucho se ha exaltado la mejoría salarial de los trabajadores mexicanos a partir de algunas de las política del reinecito de Cuarta…, pero la pregunta aún es si ¿la lucha por pagar el alquiler, el cuidado y la educación de los niños, la comida y el transporte público ha sido satisfecha? Evidentemente, no. Y menos cuando en México más de la mitad de la fuerza laboral se emplea en la informalidad.
Esta informalidad laboral abarca cualquier trabajo remunerado (asalariado o autoempleo) que opera fuera del marco legal y regulatorio, careciendo de protección social, contratos formales y prestaciones de ley. Es una realidad que afecta a la mayoría de la población ocupada, limitando el acceso a pensiones, salud y estabilidad.
Por eso es por lo que, para la revisión ahora sí ya formal que se celebra estos días en Ciudad de México –luego de dos ocurridas en la capital imperial–, el Capítulo 23 del tratado comercial trilateral con los Estados Unidos y Canadá es un escollo, junto con la ausencia de certeza jurídica. Ambas dependen exclusivamente de las políticas cuatroteras.
Mucha tinta ha corrido ya respecto a la nocividad de la Reforma Judicial del Acordeón, propuesta por AMLO y ejecutada por Claudia Sheinbaum, por lo que le solicito que hoy nos concentremos en lo laboral.
Así, dos de los programas estelares del reinecito de Cuarta… fueron entonces encargados a Luisa María Alcalde, a titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social: “Jóvenes Construyendo el Futuro” y la tan traída y llevada “Reforma Laboral”.
Y como no hay segunda sin tercera, sólo faltó depositar en manos de esa joven legionaria recuperar los dineros de El Chapo Guzmán y del recién sentenciado El Mayo Zambada, estimados en cifras fantasmagóricas, así como la encomienda del éxito de la ampliación a 16 años más del T-MEC –lo que ya rehusó hacer Donald Trump–, por si hiciera falta ver de qué pasta estaba hecha la hija de Arturo Alcalde y Bertha Luján.
De ello nos percatamos algunos meses después cuando la varita mágica –que no el bastón de mando– tocó a la treintañera y la convirtió en titular de Gobernación, primero, y en dirigente de Morena, después. ¡Rotundos fracasos!
Como fracasos también han sido el programa de becas de aprendizaje con ingresos y quizá sea hasta dentro de un par de décadas que puedan empezar a percibirse sin alucinaciones resultados bonancibles, aunque todo mundo se desgañite tratando de incluirlo en las metas de empleos formales. No hay más cera que la que arde.
Respecto a la reforma laboral, donde se esperaba –con la mejor buena fe– que respondiera a los perfiles dizque reivindicadores del nuevo régimen, ésta ha naufragado antes de nacer, en las fauces de auténticos coyotes de madriguera que ya la están acomodando para un barrido y hasta para un trapeado.
Trabajadores perdieron la tutela del Estado
Jamieson Greer, el representante comercial del gobierno estadounidense llegó a México a pedir “cooperación total”… que lamentablemente ni los gobiernitos de AMLO ni el de Claudia Sheinbaum le han brindado. Por eso, dijo, está muy cuesta arriba que en los próximos años se renueve el T-MEC.
Antes de reunirse este jueves con doña Claudia, Greer expresó también que los gobernantes estadounidenses “queremos asegurarnos de que cualquier comercio sea beneficiososnuestros países y no a un tercer país como Vietnam o China”, a los que acusan de mantener esquemas de trabajadores esclavizados.
Y aquí vamos respecto a una situación similar, porque a pesar de que el trayecto histórico del país ha sido considerar al derecho obrero no sólo como una normatividad tutelar que sustituye las deficiencias de los reclamos de los trabajadores en aras de la justicia social, y en la Constitución y las leyes se respeta como un auténtico derecho de clase, en la práctica ha sido desmentida esta intención fundadora.
La imposible retroactividad en perjuicio de los derechos y de las conquistas obreras, es ya letra muerta. En un afán lucidor, el verdadero titular de la oficina central de la STPS fue el abogado patronal Arturo Alcalde Justiniani, quien aparece en el Registro Civil como padre de la criatura, una de las emblemáticas del nuevo régimen.
Y él, sólo él, decidía qué asuntos merecían el reconocimiento de las autoridades laborales y cuáles a los que debía aplicarse la reforma laboral, dependiendo qué es lo que más favorece a sus clientes de siempre, charros de siete suelas de los que ha vivido durante toda su vida profesional.
La famosa reforma laboral, promulgada al troche y moche en mayo de 2019, sirve para todo, entre otras cosas para definir las tomas de nota de las organizaciones sindicales, la aprobación de las convenciones y elecciones de nuevos líderes y el curso inaudito de negociaciones de contratos colectivos en ausencia de sindicatos frente a los patrones en las mesas de marras.
Todo es ratificado y así archivado en los lóbregos sótanos de la Secretaría, exentos de cualquier información o consulta. Los encargados del registro de asociaciones sindicales, los inspectores del Trabajo, los validadores de los acontecimientos gremiales brillan por su inclinación y competencia.
Y si han hecho de la aplicación retroactiva de las leyes un festín de coyotes, lo mismo pasa en la utilización de las famosas recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo que usan como pretextos para intervenir o no, dependiendo del cañonazo que emita el patrón del ramo industrial.
Todo se hizo al contentillo de Arturo Alcalde
Y aunque en un principio se reiteró hasta el absurdo que la aplicación de la OIT en materia de los acuerdos de los gremios era para apegarse ad nauseam al éxito de las cláusulas del T-MEC, todos hemos sido testigos de dos cosas: los Estados Unidos…
… jamás le han hecho caso a las recomendaciones de esa Organización Internacional de Trabajadores, y aquí las recomendaciones se aplican todavía al contentillo de Alcalde Justiniani para justificar el objetivo ulterior: servirle al patrón, como decía aquella borrachita del corrido. Entonces, ¿para qué tanto brinco?
En estos siete años del reinecito de Cuarta… la política laboral ha sido típica y esencialmente gerencial. No existe una sola decisión que haya favorecido al interés mayoritario de los trabajadores en sus gremios, a mano alzada o en secreto. Millones de trabajadores han sido víctimas de las circunstancias. No hay ley que valga.
Y hasta la fecha nadie sabe hacia dónde apunta la proclama de la 4T en materia de política laboral. Si se trataba de impartir justicia obrera no había más que apegarse al contenido constitucional y normativo, afortunadamente vigente en los códigos de la materia, porque lo esencial no fue tocado por el legislador de las reformas. Fueron cambios cosméticos y de protocolo.
Sin embargo, los intereses patronales de papi Alcalde Justiniani, cuyo expediente lo exhibe como paniaguado millonario de las igualas mensuales de casi todos los charros y caciques sindicales de este país, van adelante a velocidad turbo. La impunidad y la inmunidad, a todo lo que da.
¿Superará Marcelo Ebrard este atorón al T-MEC compuesto esencialmente por una gran simulación?
¿O también, otra vez, se doblará ante Trump?
Indicios
Donald Trump y su movimiento MAGA están obsesionados en la recuperación de algo así como 700 mil empleos que se han perdido en el territorio del Tío Sam cual consecuencia del tratado trilateral. Si en México persisten las simulaciones en políticas que favorezcan los derechos de los trabajadores, si los “líderes” sindicales se perpetúan en los cargos y obstruyen el goce de esos derechos, el T-MEC llegará a su fin dentro de exactamente 10 años. * * * Por hoy es todo. Vaya para usted mi reconocimiento por haber leído este Índice Político. También reciba mis mejores deseos de que tenga ¡buenas gracias y muchos, muchos días!

